Duda Razonable

por: Gerardo Garibay Camarena

Apreciado Obispo de Roma, están muy padres sus frases llegadoras sobre misericordia y su buena onda ecologista, pero, de favor: ¿Podría tener la mínima decencia cristiana de hablar claro de una buena vez sobre lo que quiso decir en ese berenjenal al que llamó Amoris Laetitia? ¿Podría tener la “misericordia” de dejar de hablar 5 minutos de las causas progres para responder a las 5 preguntas que le plantearon los cardenales encabezados por Raymund Burke? ¿Podría ahorrarnos la demagogia, dejar de tirar la piedra y esconder la mano, y hablar claro, como tanto le encanta hablar sobre todos los demás temas?

Hasta ahí mi carta, y es que mi problema respecto a Francisco no es porque sea izquierdoso, sino que NO habla claro. Él, que con tanta claridad habla de los arbolitos o de la buena vibra, no quiere o no se atreve a hablar claro sobre su encíclica: Mandó señales encontradas a lo largo de los meses previos al Sínodo sobre la familia, y después de este, al publicar Amoris Laetitia, metió el tema de la comunión a los divorciados (con lo que no necesariamente estoy en desacuerdo) en una nota al pie, cuando obviamente ameritaba su propio espacio, y luego no dice claramente ni sí, ni no.

Hay cosas, como lo de la comunión de los divorciados, que no son menores, y en las que Francisco, ni en su encíclica, ni en sus entrevistas a El País, ni en sus tuits, ni en sus eventos, habla claro. Cuando le preguntan del tema sale con pedradas hacia la “rigidez” hacia los conservadores, hacia los que “tiran la piedra y esconden la mano”. Sin embargo, los cardenales que plantearon las dubia no escondieron la mano, hicieron preguntas públicas a las que ya se han sumado decenas de Obispos y a las que Francisco, tan voluntario para hablar sobre los luteranos, los arbolitos y los muros de Trump, no se ha dignado, ya no digamos a responder, sino siquiera a reconocer como interlocuciones válidas, y eso simplemente no cuadra con el resto de su discurso pro-dialogo y pro-tolerancia.

Tampoco cuadra el creciente autoritarismo que muestra Francisco, un autoritarismo con 3 grandes expresiones:

La de la negación (ejemplificada por el Cardenal Schonborn) diciendo que todo está claro cuando evidentemente no lo está, y de ahí que haya tantos ensayos, disertaciones, y libros (incluyendo el que se debería presentar estos días en el Vaticano) para explicar qué carambas quiso decir la encíclica.

La del relativismo (Arturo Sosa, superior de los Jesuitas) que sale con su “la palabra es relativa, el Evangelio está escrito por seres humanos”, si a esas vamos, en el fluir de la vida habrá que discernir si es que se le hace caso o no al Papa, al obispo, al catecismo, es más, ya mejor volvámonos todos pastafarianos, total, es “el fluir de la vida” como dice Francisco, el Papa de Blanco y la relatividad de la palabra, como dice Arturo Sosa, el Papa de negro.

La del rechazo, al son de que “No se puede dar una respuesta de buena fue cuando No hay buena fe desde las preguntas” que es la del autoritarismo, quizá la más sintomática de Francisco, que primero habla de diálogo, y que sí dialoga con los progres, pero le cierra la puerta en las narices y somete al oprobio y el exilio a quienes no están de acuerdo con él. Por eso mismo es que sólo cuatro cardenales se atrevieron a presentar públicamente las preguntas, porque si no Francisco, al menos sí su equipo y su complicidad descartan de antemano a los demás, juzgándolos de “mala fe”.

En pocas palabras: Lo lógico, lo normal, lo sano es que este Papa, tan refrescante y necesariamente claro sobre tantos temas, lo fuera también sobre el tema que directamente se refiere a nuestra Iglesia. No pido que se resuelva el tema en un sentido u otro, eso le toca a los teólogos. Lo que pido es claridad, un Papa que, sobre temas de tanta relevancia doctrinal como este, hable claro, en especial cuando tanto le gusta hablar claro de otras cosas que no le corresponden.

Gerardo Garibay Camarena

Gerardo Garibay Camarena

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.