Dejen que los chicos trabajen

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Dejen que los chicos trabajen de nuevo

por: Jeffrey Tucker

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El Washington Post publicó un hermoso fotomontaje de niños trabajadores de hace 100 años. Lo entiendo, no se supone que sea hermoso. Se supone que sea horrorizante. Observo a estos niños, están desaliñados, sucios y cansados, sin lugar a dudas.

Sin embargo, también pienso acerca de sus vidas internas. Están trabajando en el mundo adulto, rodeados de interesantes cosas en movimiento y nueva tecnología. Están en las calles, las fábricas, en las minas, con adultos y con sus pares, aprendiendo y haciendo. Están siendo valorados por lo que hacen, es decir, siendo valorados como personas. Están ganando dinero.

Más allá de cualquier otra cosa, es una vida emocionante. Usted puede hablar acerca los peligros de las minas de carbón o de vender periódicos en las calles, pero no pretendamos que el peligro es algo que todos los adolescentes quieren evitar. Si lo duda, dese una vuelta al estadio para el partido de fútbol americano de la secundaria local, u observe a los equipos de lucha o gimnasia.

Ahora lo comparo con cualquier escena que usted puede observar hoy en la escuela pública local, con 30 chicos sentados en sus bancas, completamente aburridos, con la creatividad y la imaginación expulsadas de sus cerebros. Jóvenes impedidos de ganar dinero y brindarle valor a otros, sin aprender habilidades y sabiendo que se supone que deben seguir así hasta que tengan 22 años de edad, si es que quieren aunque sea una pequeña probabilidad de ser exitosos en la vida: escritorio tras escritorio, clase tras clase, lectura tras lectura, examen tras examen, en un mundo confinado e interminable.

Tenga mucho miedo

Sí, estoy feliz de reconocer que casi todos los aspectos de la vida eran peor en 1900 que en la actualidad. La mayoría de las personas no tenían calefacción, no había lavadoras o aire acondicionado. Ni hablar de los refrigeradores. De hecho, la electricidad dentro de las casas era rara y peligrosa. Viajar era un privilegio los ricos. Los automóviles y el viaje aéreo eran sueños. Si a esas vamos, el estándar de vida de la actualidad es mucho mejor de lo que era en 1930, 1940, 1950 y demás, hasta llegar a la última actualización de Snapchat con una imagen de payaso mejorada, que usted puede añadirle a la selfie de su gato.

El mercado, no el poder del gobierno, hace estas cosas. Inspira innovación y la extiende a las masas. Lo que los estudios revelan es que fue el mercado, no el gobierno, quien redujo y casi eliminó el agotador trabajo infantil a tiempo completo.

Corey Iacono cita el consenso de los historiadores profesionales: “la industrialización el crecimiento económico trajeron consigo un aumento en los ingresos, que le permitió a los padres el lujo de mantener a sus hijos fuera de la fuerza laboral.”

Seamos realistas

Si a los chicos se les permitiera trabajar y la asistencia obligatoria las escuelas fuera abolida, los trabajos a elegir no tendrían nada que ver con los de hace 100 años. Serían en Chick-Fil-A y Wal-Mart, y serían trabajos fantásticos, inculcándole a los jóvenes una ética de trabajo, que es el motor interno para tener éxito, y la conciencia de las actitudes que hacen que el emprendimiento funcione para todos. Les brindaría las habilidades y disciplina que alimentan el carácter y los ayudaría a convertirse en parte de una red profesional.

Estas actitudes están ausentes entre los jóvenes que ingresan a las fuerzas de trabajo en actualidad. Se les mantiene forzosamente fuera de estas y luego nos sorprende descubrir que el graduado universitario promedio tiene dificultades para entrar en ritmo a la edad de 23. Esto se debe a que su derecho humano a trabajar y ganar ha sido violado durante una buena parte de sus vidas, hasta el punto de que han perdido el interés y el conocimiento respecto a lo que es el trabajo.

Cuando yo era niño, podía dársele la vuelta a la ley si usted conocía a las personas adecuadas, o podía simplemente mentirse sobre la edad. Ya no más. Las leyes son fuertemente aplicadas y cualquier empleador que contrate a personas menores de edad queda sujeto a atemorizantes penalidades.

En teoría, usted puede trabajar desde la edad de 14 años, pero los horarios y tareas están tan restringidos y el papeleo es tan grande, que no es práctico. Lo mismo sucede a los 15. A los 16 usted puede obtener un trabajo, pero los horarios y el tipo de trabajo que puede realizar continúa limitado. Usted no es realmente libre sino hasta que tiene 18 años, y para entonces hay demasiada diversión que obtener haciendo cualquier otra cosa excepto trabajar.

¿Es de sorprender entonces que los jóvenes recurren a la música, la cultura pop, las drogas, el alcohol, la promiscuidad, el acoso en Internet y demás? Manos ociosas, como dicen.

El verdadero ejército industrial

hace 100 años, inventamos un sistema que imaginó a los niños como soldados cívicos. Chicos amarrados a sillas mientras instructores pagados con nuestros impuestos les abruman la cabeza con información abstracta contenida en libros aprobados por el Estado.

Empujamos estos chicos a través del sistema y les negamos cualquier oportunidad de vivir su valor humano a través de un empleo útil en una comunidad productiva y de verdadero aprendizaje. Después les decimos que reúnan $100,000 dólares para otro grado académico que de algún modo les dará entrada a la fuerza laboral, pero lo único con lo que se quedan esos cínicos y desmoralizados chicos es con un currículum vacío y 15 años de deuda.

Entonces observamos fotografías de los jóvenes repartidores de periódicos de 1905 y decimos, “oh, qué triste que esos chicos tenían trabajos. ¡Somos mucho más humanos ahora!”

Es tiempo de que dejemos de felicitarnos por quitarles las oportunidades a los chicos. Es tiempo de dejar de los chicos trabajen de nuevo.

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Jeffrey Tucker es Director de Contenido en la Foundation for Economic Education, Chief Liberty Officer de Liberty.me, investigador del Acton Institute, y autor de 5  libros.

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