Un libertario radical en el Parlamento Británico

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section”][et_pb_row admin_label=”row”][et_pb_column type=”4_4″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text admin_label=”Texto”]

Un libertario radical en el Parlamento Británico

por: Jeffrey Tucker

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/westminster.jpg” animation=”off” force_fullwidth=”on” admin_label=”Imagen”][/et_pb_image][et_pb_text admin_label=”Texto” inline_fonts=”Arimo”]

Cuando Murray Rothbard era un joven estudiante escribió bajo el seudónimo de Aubrey Herbert. Yo creía que él había inventado el nombre. No es así. Realmente existió un hombre llamado Auberon Edward William Molyneux Herbert. Fue miembro del parlamento británico. Vivió de 1838 a 1906. Era un discipulo de Herbert Spencer, que mantuvo eljuvenil idealismo de Spencer mucho después de que su mentor lo perdiera. Fue autor de “The Right and Wrong of Compulsion by the State.”

Todo esto lo sabía desde hace tiempo, pero nunca me molesté en leer el trabajo de Auberon Herbert. Lo hice recientemente, y creo que he encontrado a mi musa. Este hombre era increíble. Nunca antes había leído una prosa tan lujosa y erudita en defensa de la libertad humana, y no es como el trabajo de muchas personas que escribían en esa época, bueno en algunas cosas y malo en otras. Los escritos de Herbert son asombrosos en todos los temas: propiedad, mercados, esclavitud, imperio y colonialismo, libertades civiles, derechos universales, y el estado. Él habló con igual pasión acerca de los derechos y de las consecuencias de infringirlos.

Él escribió y habló en una época de socialismo ascendente en Europa.  La Gran Bretaña resistió durante un tiempo, y Herbert fue parte de la razón. Él presentó una de las últimas voces en defensa de la libertad pura en el viejo mundo antes de la I Guerra Mundial, y aplicó todos sus esfuerzos para detener el ascenso del estado totalitario.

Redactó sus obras más famosas en los 1870s, y estas representan lo mejor y más elaborado de la escuela del liberalismo clásico. Él mantuvo en alto la antorcha de la libertad y habló, consistente y constantemente, en favor del principio del voluntarismo. Consideraba como una violación de los derechos toda acción del estado que contradecía el principio de la libertad.

Durante sus días en el parlamento, Herbert llegó a frustrarse respecto a la falta de preguntas fundamentales respecto al propósito de la política. Tantas personas estaban involucradas en el intento de micro-regular cada industria, todos los servicios, los asuntos de estado y el orden cívico, que la regulación de la vida era una amenaza permanente. Herbert llegó a sentirse en shock  respecto a lo poco que ellos pensaban en lo que esto le haría a la gente. Toda ley, mandato y regla debía aplicarse por medio de la violencia en contra de las propiedades y de las personas. Todas violaban la libertad natural que había dado lugar al ascenso de la civilización.

“Tarde o temprano,” escribió, “toda institución tiene que responder a las preguntas: ¿Está fundada en la justicia? ¿Está a favor o en contra de la libertad de los hombres?

Herbert argumentaba que toda acción estatal viola la libertad de las personas, una libertad que sólo debería limitarse de acuerdo con la regla de Spencer: Todo debería permitirse en tanto nadie sea dañado. El estado, a pesar de la mejor de sus intenciones, siempre está en el negocio del daño. Toma la propiedad de las personas, para que los políticos puedan usarla. Arrebata la libertad, de forma que el estado pueda regular la industria. Elimina la industriosidad y la creatividad, de modo que el estado pueda aplicar sus propios planes. Observado de este modo, todo lo que el estado es y hace contradice el principio de libertad.

Un excelente ejemplo es la educación nacional. Todas las personas mejor educadas y posicionadas parecen creer que es necesaria. Se obtienen impuestos entre los más ricos de Inglaterra, pues son ellos los únicos con el dinero suficiente para pagar por ello. Se construyen edificios y se contratan profesores. Entonces, ¿quién dirige el sistema y establece las prioridades respecto a qué, cómo y cuándo se enseña? Las élites y los ricos. Son ellos cuyas opiniones  llevan la voz cantante, mientas que las clases trabajadoras y los pobres tienen muy poco que decir al respecto. Al final del día, aunque los ricos sobrellevan las mayores cargas en el financiamiento del sistema, son los pobres quienes cargan el peso de obedecer a los amos a cargo del sistema. Esto es contrario a la justicia.

También crea un sistema inconsistente con el progreso. La educación nacional significa un plan para todos, impuesto sin creatividad o la posibilidad de adaptarlo al cambio. Una opinión respecto a la religión debe prevalecer a expensa de todas las otras. Esto no es tolerancia, sino imposición, y deja fuera las perspectivas que son distintas de aquellas de los ricos que administran el sistema. Por el contrario, corte la cuerda por completo, reconozca a todos pleno derecho sobre su propiedad y sus propias decisiones, e inmediatamente la tolerancia se convierte en la regla.

Por lo que respecta a la auto-responsabilidad, toda educación estatal la aleja de los padres. Son tratados como si no pudiera confiarse en ellos, y, con el tiempo, ellos llegan a confirmar esa percepción. La educación pública incultura a toda la población a volverse pasiva y des-empoderada. Esto es contrario al progreso porque este requiere de experimentación, tolerancia de las diferencias, y celebración de nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas.

Más aun, Herbert argumenta que cada vez que una tarea le es confiada a un departamento de gobierno, el progreso en dicha tarea se detiene. El sistema queda congelado. A la burocracia cambiar le parece peligroso, e incluso revolucionario.  El cambio sucede en las agencias gubernamentales  sólo bajo una gran presión, e incluso entonces el cambio es cosmético y superficial –lo suficiente para satisfacer al público, pero no tanto como para modificar fundamentalmente el sistema.

Esto es cierto en todos los ámbitos de la vida, ya sea el comercio, la salud, la religión, la familia o las relaciones internacionales. Una vez que se le otorga al estado el poder de regular algún aspecto, no habría final para la discusión respecto a cómo usar el poder. Las personas no estarán de acuerdo en las prioridades. Lo que hace feliz a uno enfurece a otro. Lo que agrada a alguien es un saqueo para alguien más. Llevar a cabo los planes de un grupo implica trastornar los de otros. El resultado es una guerra de todos contra todos, con cada grupo de interés tratando de controlar las palancas del poder. Esto no es unidad o paz, sino división, conflicto y guerra.

Una persona es libre, o no lo es. No es posible dividir la diferencia y formar un punto medio, ni siquiera a través de un voto mayoritario. La libertad es indivisible, decía Herbert. O nuestra voluntad es propia, o nos es arrebatada y ejercida por el estado.

¿Cuáles son las implicaciones del análisis de Herbert? Los impuestos deben abolirse y ser reemplazados por contribuciones voluntarias hacia el gobierno. Si las personas no están dispuestas a pagar, es evidencia de que no consideran que el servicio recibido valga el precio.

Todos los monopolios y privilegios otorgados por el estado deben abolirse, tanto en la educación como en el servicio postal o el comercio. Esto incluye la ley contra la calumnia, pues nadie tiene un derecho a su reputación. Cuando las personas se ofenden entre sí, deben enfrentar las consecuencias por sí mismos.

Todos los servicios estatales deben abolirse, incluyendo las leyes contra la pobreza, las minas nacionalizadas, las restricciones religiosas y los subsidios gubernamentales hacia la industria.

Todas las restricciones al comportamiento individual deben abolirse. Esto incluye restricciones al consumo de alcohol y drogas, prostitución, vacunas obligatorias y divorcio. Todos deben ser libres de actuar como deseen, sin estar impedidos por un decreto gubernamental. Esto incluye derogar las leyes de educación obligatoria, las que restrinjan lo que uno haga los domingos, y las de trabajo infantil.

Finalmente, la justicia demanda el fin de todo colonialismo e imperialismo contra los estados vecinos. Todas las personas en todo lugar deben ser libre de elegir su propio gobierno. Nada debería imponerse en nadie, local o extranjero.

Herbert era un voluntarista que rechazaba el término “anarquismo,” porque consideraba que este significaba una falta de ley. También rechazaba el uso de la violencia para reformar el sistema, escribiendo que no es lo mismo odiar el sistema actual que amar la libertad. Amar la libertad es buscar la paz, la comprensión y la cooperación y derechos universales. Odiar al sistema significa usar cualquier táctica para derrocarlo, incluyendo la violencia. Este segundo camino no abona en nada para asegurar una libertad duradera.

En cuanto al socialismo, Herbert lo veía como un sistema que se basa fundamentalmente en el gobierno en contra de personas y propiedades. Todas las teorías socialistas se reducen a esto: El gobierno puede hacerle lo que quiera a cualquier persona, bajo el disfraz de la colectivización o cualquier otra excusa. Es un mapa para el estado totalitario –la completa abolición de la libertad.

Traducción por: GaribayCamarena.com

El artículo original puede consultarse en: https://fee.org/articles/a-radical-libertarian-in-the-british-parliament/

 

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Jeffrey Tucker” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Tucker.png” facebook_url=”https://www.facebook.com/jeffreytucker.official/” twitter_url=”https://twitter.com/jeffreyatucker” icon_color=”#004993″ admin_label=”Persona” header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Jeffrey Tucker es Director de Contenido en la Foundation for Economic Education, Chief Liberty Officer de Liberty.me, investigador del Acton Institute, y autor de 5  libros.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Publicado en Historia, Internacional, Opinión y etiquetado , , , .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *