Por un Nuevo Libertario

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text _builder_version=”3.0.65″]

Por un nuevo libertario

por: Jeff Deist

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/08/20170802-New-Libertarian2.png” animation=”off” _builder_version=”3.0.65″][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”3.0.65″ inline_fonts=”Arimo”]

Saludos a todos en la conferencia Corax 2017, y saludos también a los asistentes aquí en nuestra Mises University anual. Como pueden ver ambos eventos están sucediendo simultáneamente, por lo que no pude estar personalmente con ustedes esta tarde, pero aprecio mucho el haber sido invitado por Sofia y Martin para dar esta conferencia, y de hecho los habría acompañado en Malta cualquier otra semana. Asimismo, admiro a Sofia y Martin por tener el valor de dejar Suecia y comenzar esta nueva empresa en Malta, que según comentan no sólo es un lugar más cálido, ¡sino también mucho más razonable!

Hoy, más que hablar sobre el libertarismo en sí mismo, quisiera hablar respecto a los libertarios, y les pido que consideremos si es que los libertarios han perdido el camino.

El título “Por un Nuevo Libertario” es, espero, una obvia referencia al título del famoso libro de Murray Rothbard, “For a New Liberty.” Es un libro subestimado, quizá menos conocido que The Ethics of Liberty. Muchos autores tienen el ego de llamar a sus libros como “un manifiesto”, pero pocas obras realmente son dignas de tan audaz subtítulo. Ese libro lo es.

Me encanta la frase de Murray: “El libertarismo es, entonces, una filosofía en busca de una política.” Me pregunto si es que él modificaría esa frase actualmente, si pudiera ver en lo que se ha convertido la facción de “política pública” dentro del libertarismo. Quizá él debería haber escrito: “El libertarismo es una filosofía en busca de mejores libertarios.”

El libertarismo es una filosofía en busca de mejores libertarios @jeffdeist Clic para tuitear

También elegí el título para plantear el importante punto de que no necesitamos un “nuevo libertarismo” o nada tan elaborado. Gracias a los grandes pensadores que han venido antes, y que siguen entre nosotros, no tenemos que hacer el trabajo difícil –lo que es una buena noticia, ¡porque no muchos de nosotros somos lo suficientemente listos como para plantear una nueva teoría! Por el contrario, todos podemos servir felizmente como transmisores de ideas.

Algunas veces los libertarios caen en la trampa de necesitar algo nuevo, lo que podríamos definir como una trampa de la modernidad. Se ha puesto de moda imaginar que la tecnología crea un nuevo paradigma, una nueva “tercera vía” que volverá obsoleto al gobierno sin la necesidad de un desplazamiento intelectual. La era digital es tan plana, tan democrática y tan descentralizada, que será imposible que los estados inherentemente jerárquicos puedan controlarnos. El libre flujo de la información –dicen- hará inevitable el libre flujo de bienes y servicios, al tiempo en que desenmascara a las tiranías que ya no pueden ocultarles la verdad a sus ciudadanos.

Aunque ciertamente espero que esto sea cierto, no estoy tan seguro. Me parece que los estados están cambiando del ámbito nacional al supranacional, que de hecho el globalismo implica un control más centralizado a manos de un cartel emergente de estados aliados, como la Unión Europea y las organizaciones no gubernamentales –por no mencionar los llamados a la convergencia de los bancos centrales bajo una organización global como el Fondo Monetario Internacional. Deberíamos tener nuestras sospechas respecto a la noción determinista de que existe un arco inevitable en la historia humana.

Y aunque todos nos beneficiamos de las maravillas del progreso tecnológico, y le damos la bienvenida especialmente a la tecnología que le dificulta al estado el gobernarnos -por ejemplo, el Bitcoin, o Uber, o la encriptación- debemos recordar que los avances en la tecnología también facilitan que los gobierno espíen, controlen e incluso asesinen a los pueblos bajo su control.

Por ello sospecho que mientras los humanos sigan existiendo, su necia tendencia a formar gobiernos seguirá siendo un problema. La elección entre organizar las actividades humanas por medio económicos o hacerlo por medios políticos no se resolvió con la imprenta de tipos móviles, ni con la revolución industrial, o la electricidad, o los numerosos avances tecnológicos. Por lo tanto, no podemos asumir que la liberación llegará a través de la revolución digital.

No, la concepción de la libertad planteada por Rothbard se ha mantenido vigente durante casi medio siglo. Los seres humanos son soberanos sobre su mente y cuerpo, lo que significa que usted es dueño de sí mismo. De ello se deriva que el ineludible corolario de los derechos de propiedad, implicando que los individuos tienen una afirmación valida sobre los productos de sus mentes y cuerpos -axiomáticamente sabemos que los seres humanos deben actuar para sobrevivir. A partir de la autodeterminación y los derechos de propiedad llegamos a una teoría de cuándo es permisible el uso de la fuerza, específicamente en defensa propia. A su vez, estas ideas de autodeterminación, derechos de propiedad y no agresión deberían aplicar a todos, incluso cuando un grupo se reúne y se hace llamar “gobierno”. Ya que los gobiernos necesariamente usan la fuerza de muchas otras formas más allá de la defensa propia, son inválidos bajo la formulación Rothbardiana.

Es una teoría hermosa, simple y lógica. Por supuesto, al menos un cierto grado de los tres elementos: libertad individual, derechos de propiedad y un entendimiento de la ley que proteja a ambos- es necesario y presente para el verdadero progreso humano. Lo sé, lo sé: los esclavos construyeron las pirámides, aunque los egiptologistas nos dicen lo contrario, y los científicos no eran libres, pero aun así construyeron bombas nucleares -probablemente para evitar un viaje a Siberia- pero sabemos que el argumento es cierto: la libertad y el progreso humanos están inextricablemente enlazados.

Entonces, tenemos esta fantástica e irrefutable teoría Rothbardiana de la libertad. Pero no es suficiente. Murray fue enfático al respecto. Él fue el primero en destacar la importancia de las personas y el activismo, no sólo de las ideas y de la educación. Pero ¿qué clase de personas, y qué clase de activismo? Esa era la pregunta en tiempos de Murray, y sigue siéndolo en la actualidad.

  • Reconocer que la libertad corresponde a la naturaleza humana.

Si hay algún punto predominante que deberíamos recordar es el que la libertad es natural y orgánica, y corresponde a la acción humana. No requiere un “hombre nuevo.” Sin embargo, los libertarios tienen una mala tendencia a caer en el utopianismo, representando la libertad como algo evolucionado y de la nueva era. En este sentido pueden sonar mucho como los progresistas, diciendo que la libertad funcionará: cuando los humanos finalmente abandonen sus necias y anticuadas ideas acerca de la familia y la tribu, convirtiéndose en librepensadores puramente racionales (siempre lo opuesto), rechazando la mitología de la religión y la fé y abandonando sus viejas alianzas étnicas, nacionalistas o culturales, a cambio del nuevo credo hiper-individualista. Debido a lo anterior el libertario arquetípico es presentado como un actor económico casi desalmado, alguien que dejaría todo y se mudaría a Singapur mañana, sólo para ganar $20,000 dólares más en la gig economy.

Bueno, pues resulta que así no es cómo son realmente los humanos. Son frágiles, y falibles y jerárquicos e irracionales, recelosos y gregarios al menos tanto como son un grupo de heroicos Hank Reardens.

De hecho, Rothbard habla justamente al respecto en su sección respecto a la estrategia libertaria en la parte final de For a New Liberty. Él nos recuerda que los progresistas utópicos son quienes creen que el hombre no tiene naturaleza y es “infinitamente maleable.” Ellos creen que el hombre puede perfeccionarse y convertirse en el siervo ideal del nuevo orden; Por el contrario, los libertarios creemos en el libre albedrío, señala.

La libertad es consistente con la naturaleza del hombre y del mundo. Clic para tuitear

Las personas se moldean a sí mismas, y por lo tanto es un disparate esperar un cambio drástico que se adapte a nuestra estructura preferida. Nosotros esperamos que las personas actúen moralmente y creemos que la libertad brinda los incentivos adecuados para el perfeccionamiento moral, pero no dependemos de ello para hacer que la libertad funcione. De hecho, sólo el libertarismo acepta a los humanos como son, aquí y ahora. Es en este sentido que Rothbard ve a la libertad como algo “eminentemente realista,” la “única teoría que realmente consistente con la naturaleza del hombre y del mundo.”

Por lo tanto, entendamos -y promovamos- la libertad como un enfoque profundamente pragmático para organizar la sociedad, uno que resuelve problemas y conflictos al avanzar con las mejores soluciones privadas y voluntarias que estén disponibles. Rechacemos las grandilocuentes visiones y utopías de lo que siempre será un mundo desordenado e imperfecto. “Mejor, no perfecto” debería ser nuestro lema.

  • Los libertarios deberían asumir en lugar de rechazar las instituciones de la sociedad civil

Mi segundo punto se relaciona con la sociedad civil en sí misma, ya que mientras los libertarios entusiastamente aceptan a los mercados, por décadas han cometido el desastroso error de parecer hostiles a la familia, la religión, la tradición, la cultura y las instituciones cívicas o sociales -en otras palabras, hostiles a la sociedad civil como tal.

Si nos ponemos a analizarlo, esto es bizarro. La sociedad civil brinda los propios mecanismos que necesitamos para organizar a la sociedad sin el Estado. Además, siguiendo con el argumento de Rothbard acerca de la libertad y la naturaleza humana, la sociedad civil se organiza a sí misma orgánicamente, sin fuerza. Los seres humanos quien ser parte de algo más grande que ellos mismos. ¿Por qué los libertarios no logran entender esto?

Poco necesita decirse que la familia ha sido siempre la primera línea de defensa en contra el Estado, y la fuente más importante de lealtad primaria -o de lealtad dividida, desde la perspectiva de los políticos. Esa conexión con los ancestros, y nuestra preocupación por los descendientes, forma una historia en la que el Estado no es el protagonista. La familia constituye nuestro primer entorno, que por lo tanto es el más formativo -y al menos como un ideal, la familia brinda apoyo tanto material como emocional. Las familias felices realmente existen.

Sin embargo, el gobierno nos quiere atomizados, solitarios, quebrados, vulnerables, dependientes y desconectados. En consecuencia, trata de romper a las familias al quitarles a sus hijos tan pronto como sea posible, adoctrinándolos en escuelas estatales, usando las prestaciones sociales y la ley de impuestos como cuña, desalentando el matrimonio y las familias grandes, de hecho, desalentando cualquier clase de intimidad que no esté sujeta al escrutinio público, promoviendo el divorcio, etc. etc.

Todo esto podría sonar como argumentos derechistas, pero ello no los vuelve falsos.

Queremos familias fuertes, queremos familias de élite, queremos familias prósperas que no tengan miedo del gobierno. Queremos grandes familias extensas a las que las personas puedan acudir en tiempos de problemas. Y como una nota al pie: asumiendo que aproximadamente el 10% la población de los Estados Unidos está razonablemente mentalizado hacia la libertad, estamos hablando de 32 millones de personas. Imagine si cada uno de ellos tuviera tres hijos, ¡crearíamos un ejército de 100 millones de personas!

La religión forma otra importante línea de defensa en contra el Estado. De hecho, la historia entera de la humanidad no puede entenderse sin comprender el rol de la religión. Incluso actualmente un saludable porcentaje de las personas en occidente creen en Dios, más allá de su observancia religiosa. Además, la creencia en una deidad desafía por sí misma el estatus y la omnisciencia del Estado. Una vez más, la religión se presenta como un rival potencial en la lucha por la lealtad del individuo -y tiene una incómoda tendencia a resurgir sin importar qué tanto los gobiernos autoritarios traten de suprimirla.

Más allá de la familia y de la fe, hay un número infinito de instituciones no estatales que ofrecen comunidades para casi cualquier interés imaginable. Todas ellas, desde los negocios, hasta las organizaciones sociales y cívicas, realizan la función civilizadora de organizar a las personas sin el poder estatal.

Queremos familias fuertes y prósperas, que no tengan miedo del gobierno. Clic para tuitear

Permítanme también plantear un punto importante: es razonable creer que una sociedad más libertaria sería menos libertina y más conservadora culturalmente -por la simple razón de que, conforme el Estado se reducen importar si poder, las largamente suprimidas instituciones de la sociedad civil crecerían en importancia y poder. Además, en una sociedad más libertaria, es más difícil imponerle a los demás los costos de nuestro estilo de vida. Si usted depende de la ayuda que le brinden la familia, la Iglesia o la caridad, estas quizá impondrán condiciones para ese apoyo.

Les aseguro que no estoy interesado en conocer o juzgar sus creencias personales o sus preferencias de estilo de vida – y tampoco lo estaba Murray Rothbard. por supuesto, el libertarismo como tal no tiene nada que decir acerca de la forma en que vive el individuo. Sin embargo, sigue siendo cierto que la sociedad civil debería ser celebrada a cada momento por los libertarios. Creer lo contrario es ignorar lo que los humanos realmente quieren y realmente hacen, que es crear comunidades. Hay una palabra para definir a las personas que no creen en nada: ni en el gobierno, ni en la familia, Dios, la sociedad, la moralidad, o la civilización. Esa palabra es “nihilista”, no libertario.

  • El universalismo político no es la meta.

Mi argumento final es acerca de la terca tendencia de los libertarios a promover alguna clase de arreglo político universal. Hasta el punto en que existe una meta política para los libertarios, esta es la de permitirle a los individuos vivir como crean conveniente. La meta política es la autodeterminación, al buscar reducir el tamaño, ámbito y poder del Estado.

Sin embargo, la idea de los principios libertarios universales se mezcló con la idea de las políticas libertarios universales. El vive y deja vivir se reemplazó con la noción de una doctrina libertario universal, muchas veces acompañada de un elemento cultural.

Debido a esto, los libertarios suelen caer en la trampa de sonar como los conservadores y los progresistas, que se imaginan a sí mismos como si estuvieran cualificados para dictar arreglos políticos en todas partes de la tierra. Sin embargo, ¿qué tiene de libertario decirles a otros países qué hacer? ¿No debería ser nuestra meta política la autodeterminación radical, en lugar de los valores políticos universales?

Ya es suficientemente malo escuchar a los neoconservadores en la televisión, mientras hablan de lo que es mejor para Siria, o Irak, o Corea del norte, o Rusia, desde sus cómodos percheros occidentales. Sin embargo, es incluso peor escuchar esto de parte de los libertarios en Reason. Ello es un error tanto político como táctico.

La doctrina universalista va más o menos así: El voto democrático es el derecho político sagrado en un mundo post monárquico. Resulta en democracias sociales con robustas redes de seguridad, capitalismo regulado, protecciones legales para las mujeres y las minorías, y normas ampliamente con censadas en cuanto a temas sociales. Las concepciones occidentales de los derechos civiles ahora aplican en todos lados, y a través de la tecnología podemos superar las antiguas fronteras de los estados nación.

Los sabores son ligeramente diferentes: los liberales de izquierda enfatizan un estado administrativo supranacional (“un gobierno mundial”), mientras que los conservadores enfocan en esquemas de comercio globalmente administrados y en “exportar la democracia.” Sin embargo, ambos bandos pasaron el siglo XX insistiendo en que sus acuerdos políticos preferidos son aplicables en todos lados, e inevitables en todos lados.

Esta narrativa no le ayuda los libertarios. El universalismo brinda los apoyos filosóficos para el globalismo, pero el globalismo no es libertad: en lugar de ello, amenaza con crear nuevos niveles de gobierno. Por otra parte, el universalismo no es ley natural; de hecho, suele estar directamente enfrentado con la naturaleza humana y la (verdadera) diversidad humana.

Más aún, resulta que muy pocas cosas realmente están consensadas a nivel universal. No lo está la gobernanza, ni los derechos, ni el rol de la religión, ni la migración, ni el capitalismo, ni el neoliberalismo. Ya de por sí tenemos una labor lo suficientemente difícil ganando el respeto para la libertad individual y los derechos de propiedad en occidente, donde contamos con una fuerte tradición de derecho consuetudinario.

Aun así, los libertarios están ocupados promoviendo el universalismo incluso mientras el mundo se mueve en la dirección opuesta. Trump y el Brexit golpearon la narrativa globalista. El nacionalismo está en ascenso lo largo de Europa, poniendo a la unión europea a la defensiva, existen movimientos de secesión en Escocia, en Cataluña, en Bélgica, en Andalucía, incluso en California. El federalismo y los derechos de los estados son repentinamente populares con los progresistas en los Estados Unidos. El mundo desesperadamente quiere darle la espalda a Washington y a Bruselas, y a las Naciones Unidas, y al Fondo Monetario Internacional, y a todas las instituciones globalistas. las personas promedio sospechan un engaño.

Deberíamos aprovechar esto.

La Meca no es París, un irlandés no es un aborigen, un budista no es un Rastafariano, una soccer mom no es un ruso. ¿Es nuestra meta convencerlos a todos de convertirse en rigurosos Rothbardianos? ¿Deberían los libertarios preocuparse acerca el matrimonio homosexual en Arabia Saudita, o insistir en que las mismas condiciones fronterizas de Mónaco existan en Brownsville, Texas? ¿Deberíamos agitar en Francia, promoviendo leyes de portación abierta de armas al estilo de Texas, para prevenir el siguiente Bataclan?

O, por el contrario, ¿no estaría mejor empleado nuestro tiempo en promover la descentralización política, la secesión y la subsidiariedad? En otras palabras, ¿deberíamos dejar que Malta sea maltesa?

Ludwig von Mises rechazó el universalismo, y vio la autodeterminación como la más elevada meta política. Murray Rothbard planteó el argumento de que las naciones orgánicas se separen de las naciones políticas, en una de las últimas cosas que escribió -un artículo titulado Naciones por Consenso.

En otras palabras, la autodeterminación es la máxima meta política. Es el camino a la libertad, aunque sea imperfecta. Un mundo de 7 mil millones de individuos auto gobernados es el ideal, pero a falta de ello deberíamos preferir los Liechtensteins que las Alemanias, y los Luxemburgos que las Inglaterras. Deberíamos apoyar el derecho de los estados a la federalización en los Estados Unidos, y aplaudir el rompimiento la Unión Europea. Deberíamos respaldar los movimientos secesionistas en lugares como Cataluña, Escocia y California. Deberíamos favorecer el control local por sobre las lejanas legislaturas y cuerpos administrativos, y por lo tanto rechazar los acuerdos comerciales multilaterales. Deberíamos, en resumen, preferir lo pequeño que lo grande, cuando se trata del gobierno.

La descentralización política, la secesión, la subsidiariedad y la nulificación son mecanismos que nos acercan a nuestra meta política de autodeterminación. Insistir en acuerdos políticos universales es un enorme error táctico para los libertarios. Es precisamente porque no sabemos lo que es mejor para 7.5 mil millones de personas en el mundo, que somos libertarios.

Conclusión: ¿por qué pelearían?

Para concluir, mencionaré un intercambio de correos electrónicos que tuve recientemente con el bloguero Bionic Mosquito. ¡Si ustedes no están leyendo a Bionic Mosquito, deberían hacerlo! Le hice la misma pregunta hipotética que tengo para ustedes: ¿Por qué pelearías? La respuesta a esta pregunta nos dice mucho acerca de los temas que deberían preocupar a los libertarios.

Con ello me refiero a por qué razón ustedes pelearían físicamente, sabiendo que hacerlo pudiera implicar lesiones serias o la muerte, o arresto y encarcelamiento, o la pérdida de su casa, su dinero y sus posesiones.

La sangre y el suelo, y Dios y la nación, le siguen importando a la gente. Clic para tuitear

Estoy seguro de que todos nosotros pelearíamos por nuestras personas físicas si fuéramos atacados, o por nuestras familias y fueran atacadas. Quizá podríamos pelear también por amigos cercanos. Quizá incluso por nuestros vecinos. De hecho, quizá nos guste pensar que en algunas circunstancias defenderíamos físicamente a un completo extraño, por ejemplo, a una anciana a que está siendo atacada y asaltada.

Además, tal vez pelearíamos por otros pueblos y comunidades, si estos fueran físicamente invadidos por una fuerza externa, incluso aunque no conocemos personalmente a todas las personas en osos pueblos y comunidades.

También podríamos pelear por la propiedad, quizá no con tanta ferocidad. Ciertamente protegería más nuestros hogares, pero ello es debido a las personas que se encuentran adentro. ¿Qué pasaría con los vehículos? ¿Se involucraría en la confrontación física con un ladrón armado que estuviera llevándose su vehículo? ¿O lo dejaría ir, sin arriesgarse a las lesiones o la muerte, sólo para salvar su auto? ¿Qué pasaría con su billetera? ¿Qué pasaría si el instituida robando el 40% de su ingreso, como muchos gobiernos lo hacen? ¿Tomaría usted las armas para evitarlo?

Probablemente no pelearíamos por el bitcoin, o la neutralidad e Internet, o un aumento en el impuesto sobre ganancias de capital. ¿Y que tal respecto a una abstracción, como pelear por “su país” o por la libertad, o por su religión? Aquí es donde las cosas se vuelven más tenues. Muchas personas han peleado y pelearán por dichas abstracciones. Sin embargo, si le pregunta los soldados ellos le responderán que en el calor de la batalla realmente están peleando por sus compañeros, para proteger a los hombres en sus unidades -y para cumplir con un sentido personal del deber.

En otras palabras, la sangre y el suelo, y Dios y la nación, le siguen importando a la gente. Los libertarios ignoran esto a riesgo de ser irrelevantes.

Muchas gracias.

Traducido por: Gerardo Garibay Camarena / GaribayCamarena.com

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Jeff Deist” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/08/Deist.png” facebook_url=”https://www.facebook.com/mises.institute/” twitter_url=”https://twitter.com/jeffdeist” icon_color=”#004993″ _builder_version=”3.0.65″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Presidente del Mises Institute.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

En breve: el invento del calentamiento global

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”]

En Breve: el Calentamiento global es un invento -eso parece.

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/07/20170711-En-breve-calentamiento-3.png” animation=”off” _builder_version=”3.0.60″][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”3.0.60″ inline_fonts=”Arimo”]

¿Se acuerdan del calentamiento global? Esa histeria que traían los vividores antes de salir con su versión 2.0, el “cambio climático”. Decían y repetían que la tierra estaba cada vez más caliente que nunca y que casi casi se iba a deshacer, y que la nieve de los polos ya no existiría para el 2015, y que la única forma de detener el apocalipsis es dándole mucho dinero a los burócratas, basados en los mismos súper expertos que no pueden predecir correctamente qué clima habrá en la tarde, pero que supuestamente saben con puntos y comas lo que va a pasar en 100 años.

El argumento era que los estudios climáticos mostraban un aumento constante y acelerado de la temperatura, y que como eran “estudios científicos” había que creerlos a pie juntillas…

Bueno, pues hace unos días se publicó otro “estudio científico”, que demuestra que los científicos básicamente se inventaron las cifras con las que “comprobaban” el calentamiento global.

La histeria del calentamiento global se basa en cifras alteradas Clic para tuitear

Los doctores James P. Wallace III,  Joseph S. D’Aleo y  Craig D. Idso analizaron los datos sobre temperatura superficial global promedio, que manejan el National Climatic Data Center, Goddard Institute for Space Studies de la NASA, y la Climatic Research Unit (CRU)/Hadley Center de la University of East Anglia, en los que se basa la histeria del calentamiento global.

Llegaron a la conclusión de que  los datos de estas 3 instituciones “no son una representación válida de la realidad. De hecho, la magnitud de sus ajustes a los datos históricos, que removieron sus patrones cíclicos de temperatura, son totalmente inconsistentes con el resto de la información creible y publicada en cuanto a la temperatura en los Estados Unidos y otros países. Por lo tanto es imposible concluir a partir de esas series de datos de temperaturas superficiales globales promedio (GAST) que los años recientes han sido los más cálidos de la historia –a pesar de los actuales señalamientos de calentamiento record.”

O, en castellano: el NOAA, la NASA y el Hadley CRU se inventaron los datos alterando las cifras y los procesos para que coincidieran con su agenda política.

Y eso sí calienta.

El NOAA, la NASA y el Hadley CRU se inventaron datos. Eso sí calienta. Clic para tuitear

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

El salario mínimo no funciona

[et_pb_section bb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_text _builder_version=”3.0.59″]

El salario mínimo no funciona

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/07/20170706-Salario.png” animation=”off” _builder_version=”3.0.59″ /][et_pb_text _builder_version=”3.0.60″ inline_fonts=”Arimo” background_layout=”light” text_orientation=”left” border_style=”solid”]

El tema de la regulación en materia de salarios mínimos regresó a los primeros planos de la atención nacional a finales del mes de junio, después de que los líderes de la Coparmex, encabezados por su presidente, Gustavo de Hoyos Walter, hicieran un teatro en el  Monumento a la Revolución, exigiendo que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos eleve el salario mínimo para llevarlo a los $92.72 pesos por día.

El sainete tiene dos probables explicaciones bastante lógicas, o quieren posicionarse políticamente, o quieren quitarse de encima la competencia de las pequeñas y medianas empresas, que no puedan permitirse ese incremento en sus gastos. Después de todo, si realmente quisieran ayudar a las trabajadores, en lugar de turistear frente a las cámaras de televisión en un monumento con una nefasta carga política e histórica de por medio, los líderes de la Coparmex le subirían directamente el salario a sus empleados, que para eso no necesitan que el gobierno les de autorización. Si ellos quisieran hoy mismo podrían subir el salario a $92.72 pesos por día, o a $100, o a lo que quieran.

Elevar el salario mínimo no funciona, sólo provoca desempleo. Clic para tuitear

Lo criticable no es que los empresarios quieran empezar a hacer méritos para la grilla electoral del 2018, pues, ¿A estas alturas quién de la clase política y empresarial no anda más o menos en las mismas? El problema es que la solución que proponen, elevar el salario mínimo por decreto, para que los ingresos y la calidad de vida aumenten automáticamente, es una receta que no funciona y es un primer paso para regresar a una senda de populismo que nos ha llevado a graves crisis en el pasado.

¿Por qué?

Porque el salario no es resultado de una tenebrosa conspiración de burgueses que nadan en albercas llenas de monedas, al estilo de Rico Mc Pato. El salario tiende a representar el valor descontado de su productividad marginal, lo que en castellano significa: la aportación del trabajador al proceso productivo. Por lo tanto no es algo que pueda definirse centralizadamente e imponerse de manera exitosa a través de la violencia del estado.

Una vez más, para que quede claro: no se define al capricho de los sentimientos ni de las buenas conciencias, sino principalmente con base en la productividad que depende entre, otras cosas, del equipo de capital con que cuentan los trabajadores, de la eficiencia de la administración de las empresas y de la libertad de mercado que incentive a las empresas a competir en base a producir más y mejor, y no en base a sus contactos con la clase política.

Entonces ¿Qué pasa cuando se aumenta el salario mínimo?

Lo que sucede es que muchos de los supuestos beneficiarios, cuyo aporte al proceso productivo es inferior a la nueva cifra mínima impuesta por el estado –por falta de experiencia, porque la actividad que realizan no es lo suficientemente valorada, o porque no cuentan con las herramientas necesarias- se quedan sin empleo y sin posibilidad de encontrar otro. En consecuencia su situación económica empeora tanto a corto plazo, porque pierden el ingreso que (bien que mal) es mejor que no recibir nada; como a largo plazo, porque al no poder contratarse no podrán aprender nuevas habilidades que les habrían permitido avanzar a trabajos mejor pagados.

La pobreza no se elimina por decreto, y los salarios no suben por magia. Clic para tuitear

En consecuencia, las personas más vulnerables y marginadas de la sociedad quedan atrapadas en un círculo vicioso de subempleo e incluso de indigencia, todo ello mientras las buenas consciencias se dan palmaditas en la espalda por hacer la buena obra del día, que en realidad fue el equivalente salarial de cortarle los primeros cinco escalones a escalera, esperando que quienes apenas caminan puedan brincar hasta el sexto escalón.

Pero, bueno (dirán algunos) aquí no funciona por culpa de Peña Nieto, pero en países con gobiernos eficientes, como Estados Unidos o Alemania, el salario mínimo seguramente es un éxito rotundo. La respuesta es no.

En Seattle el salario mínimo no funciona. Un estudio financiado por el gobierno de la ciudad concluyó que la adopción de un salario mínimo de 13 dólares por hora dio como resultado una reducción del 9% en las horas trabajadas por los empleados de bajo nivel, con el consiguiente efecto en sus salarios. De hecho, los supuestos “beneficiarios” pierden en promedio $1,500 dólares al año, y eso sin contar a los miles que se quedaron sin empleo o han sido incapaces de encontrarlo debido al incremento en los costos que implica el nuevo salario y que se calculan en $120 millones anuales.

Recapitulando: el incremento al salario mínimo en Seattle resultó en más costos para las empresas, menos salario para los trabajadores y menos competitividad para la zona. Un desastre.

En Alemania tampoco funciona. La semana pasada se dio a conocer un estudio elaborado por el Instituto del Mercado Laboral, que aporta cifras escalofriantes: La imposición del salario mínimo interprofesional, tasado en 8,50 euros la hora ha destruido 60,000 empleos durante su primer año de aplicación, y eso sin contar a los otros miles que no se crearon.

En pocas palabras

Los aumentos en el salario mínimo hacen sentir bien a los activistas, pero le desgracian la vida a los trabajadores; llenan de orgullo el pecho de los políticos, pero dejan vacío el estómago de los trabajadores menos cualificados, y de sus familias, condenándolos al desempleo o a quedarse en la economía informal, ganando incluso menos que antes.

Ni aquí, ni en Seattle, ni en Alemania, el salario mínimo no funciona. ¿Entendido?

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

En breve: Lobby LGBT

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″]

En breve: sobre el lobby LGBT

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/06/20170623-LGBT.jpg” animation=”off” admin_label=”Imagen” _builder_version=”3.0.51″][/et_pb_image][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″ inline_fonts=”Arimo”]

 

Para reflexionar respecto a la marcha de mañana:

El verdadero problema con el “Lobby LGBT” NO es la parte de LGBT, sino la de “lobby”.

Los grupos de presión, de derecha y de izquierda, religiosos o ateos, socialistas o corporativistas, corrompen los sistemas legales al usar una fuerza social (real o imaginaria) para obtener privilegios que distorsionan el sano espíritu de la ley, que es el proteger los derechos a la vida, libertad y propiedad.

Al hacerlo estos “lobbies” detonan un círculo vicioso que extiende los “derechos” (léase, privilegios) de un grupo, a expensas de los demás, que a su vez recurren a otro lobby para hacer lo propio.


El resultado es un Estado cada vez más grande y más invasivo, con menos libertad para todos, porque en cada conquista de los grupos de presión hay un pequeño triunfo para la tiranía.


Por cierto, respecto a los “derechos de los gays y de las lesbianas”, son los mismos de todos los demás: a vivir, a ser libres y a ser propietarios de lo que han obtenido legítimamente, lo demás es demagogia.

El problema del lobby LGBT no es la parte de LGBT, sino la de que sea un lobby. Clic para tuitear

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ admin_label=”Persona” _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Reflexiones sobre Uber-landia

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″]

Reflexiones sobre Uberlandia

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/06/20170622-Uber-2.png” animation=”off” admin_label=”Imagen” _builder_version=”3.0.51″][/et_pb_image][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″ inline_fonts=”Arimo”]

Uber es algo tan obviamente bueno, que puede medirse qué tan corruptas son las ciudades basándose en con cuánta fuerza tratan de suprimirlo”. Así lo escribió Paul Graham, y yo estoy completamente de acuerdo. Uber revolucionó el sector del transporte y nos brinda un servicio muy bueno a través de un mecanismo con gran potencial

Y vaya que los ataques en contra de Uber han estado a la orden del día, desde aquellos taxistas tabasqueños, auténticos ignaros de concurso, que le exigían al Presidente Peña Nieto que “baje el switch satelital” (sic), hasta infinidad de burócratas y expertos, con títulos de prestigiosas universidades y una malsana afición por defender monopolios.

Uber es una maravilla de la modernidad Clic para tuitear

Entre esta segunda clase de críticos me llamó especialmente la atención un artículo publicado hace algunos días por el profesor de Harvard, Benjamin Edelman, titulado “Uber Can’t Be Fixed — It’s Time for Regulators to Shut It Down” (Uber no puede arreglarse, es momento de que los reguladores lo clausuren).

Los dos argumentos falsos contra Uber

Más allá de reflejar esa tendencia tiránica tan recurrente entre los miembros de la supuesta élite académica, el panfleto del señor Edelman plantea básicamente 2 argumentos: que el servicio de taxis era maravilloso antes de Uber, y que en cuanto las autoridades clausuren Uber, de inmediato el monopolio de los taxis saldrá con una nueva y maravillosa oferta, supuestamente porque cuando las autoridades cerraron Napster, la industria musical nos dio a cambio Spotify.

Ambos argumentos son falsos e ignorantes.

En primer lugar, salvo excepciones, el servicio de taxis, no sólo en México o en Estados Unidos, sino en todo el mundo, dista mucho de ser maravilloso. En términos generales es un gremio cerrado y controlado por catervas de mafiosos. Todos podemos contar nuestras historias de terror en primera persona sobre taxis pestilentes, manejados por choferes agresivos, que manejan mal, cobran de más y llevan su …digámosle música, a todo volumen.

Uber no sólo ofreció una opción distinta, sino radicalmente mejor, en cuanto a precios, a la calidad del servicio y a la comodidad, añadiendo otro elemento muy importante: una equidad de información entre chofer y usuario, ya que ambos pueden conocer de antemano el nombre y los datos del otro, y calificar su comportamiento una vez terminado el viaje. De este modo la plataforma de Uber encontró una manera clara y equilibrada de eliminar tanto a los malos choferes como a los usuarios descorteses.

Uber mejoró el servicio de taxi al equilibrar la información entre usuario y… Clic para tuitear

El ejemplo más claro de este contraste en mi experiencia personal fue hace poco más de un año, cuando regresé de una conferencia en la ciudad de Dallas. Mi avión llegó al aeropuerto del Distrito Federal poco antes de las 9 de la noche y tenía que trasladarme desde ahí hasta la central de autobuses del norte, para tomar el  autobús de regreso a casa, que salía 1 hora después. Pregunté por los taxis oficiales del aeropuerto: me cobraban 270 pesos por el viaje, y tendría que esperar media hora  a que hubiera uno disponible. Opté por pedir un Uber: llegó en 5 minutos y me cobró 70 pesos, es decir una cuarta parte de lo que me querían cobrar los taxistas.

Para acabar pronto: Entre Uber y los taxis normales no hay una pequeña diferencia, sino un mundo de distancia.

En cuanto al segundo argumento de Edelman, sobre que tras la clausura de Napster, la industria monopólica de la música generosamente nos ofreció Spotify, basta decir que se trata de un completo error. Lo que de hecho ocurrió después de que la industria arteramente cerró Napster fue que en su lugar surgieron muchas otras alternativas, incluso más “ilegales” (me acuerdo de Kaaza, Limewire, E-mule y la popularización de los torrents), además de descargas directas vía páginas como Rapidshare y Megaupload, a las que se añadió la reproducción masiva de videos en YouTube, obligando eventualmente a que la industria discográfica reconociera táctiamente que nos habían estado estafando con precios que no tenían ninguna justificación en un entorno normal y que podían ser viables ganando mucho menos; et voila, surgió Spotify y sus similares.

El argumento verdadero contra Uber

Sin embargo, dicho lo anterior también es cierto que hay mucho que criticarle válidamente a Uber, tanto en las prácticas administrativas que llevaron hace unos días a la salida de su CEO, Travis Kalanick, como en el funcionamiento cotidiano de la empresa. El hecho es que, conforme ha multiplicado su alcance en términos de ciudades, Uber ha perdido calidad y control sobre los choferes que participan en la plataforma, al grado de ni siquiera tener correcta la información sobre sus números telefónicos, que teóricamente deberían permitir que los pasajeros nos comuniquemos con ellos en caso de que tarden en llegar.

La calidad de Uber está decayendo, y hay problemas reales con la app. Clic para tuitear

Ya varias veces la aplicación me ha dicho que el Uber llegará en 6 minutos, pero resulta que el vehículo no se mueve de su lugar, o simplemente da vueltas en el mapa de la app, mientras pasan 10, 20 o 30 minutos sin que llegue. Lo mismo les ha sucedido a muchos otros clientes, y estas fallas en el servicio representan un riesgo real para el futuro de la empresa.

Al final del día, estoy convencido de que el modelo de negocio de Uber es extraordinario; su servicio, un gran avance respecto a los taxis normales; la libertad que implica, algo digno de admirar; pero como toda empresa que abre camino, el riesgo de equivocarse es muy alto y su futuro depende tanto de minimizar los errores como de corregirlos a tiempo.

En algo sí se parece Uber a Napster: ambas cambiaron el juego en una industria entera, y el éxito de ambas demostró sus limitaciones. Sin embargo, no son los reguladores gubernamentales quienes deben decidir su destino, sino todos nosotros: los usuarios.

Si decidimos los clientes el resultado será de libertad, si deciden los burócratas sería de tiranía.

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ admin_label=”Persona” _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

En Breve: Nos movemos por emociones

[et_pb_section bb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″]

En breve: Nos mueven las emociones

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image admin_label=”Imagen” src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/06/20170529-Creemos-lo-que-queremos.png” animation=”off” _builder_version=”3.0.51″ align=”center” max_width=”400px” show_in_lightbox=”off” url_new_window=”off” use_overlay=”off” sticky=”off” always_center_on_mobile=”on” border_style=”solid” force_fullwidth=”off” /][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.51″ inline_fonts=”Arimo”]

Verdad incómoda: Por más que le busquemos, con argumentos técnicos no se convence a nadie, a menos que la persona esté emocionalmente predispuesta a aceptarlos.

Lo mismo sucede con las noticias, repetimos aquellas que se alinean con nuestra visión previa del mundo, y eso nos pasa a TODOS.

Nadie, ningún intelectual, ningún político, ninguna persona, es plenamente objetiva; todos vemos la realidad a partir del lente de nuestras circunstancias y sobre todo de nuestros prejuicios, que no son sino los puntos de referencia a partir de los cuales traducimos la realidad a un lenguaje que nos sea comprensible.

Al mismo tiempo, los seres humanos estamos “conectados” para construir identidades, acercarnos a quienes tienen alguna semejante a la nuestra y a desarrollar vínculos a través de narraciones.

Por eso la lucha política no debe darse sólo en el terreno de las ideas, sino de las emociones y de los prejuicios. Apelar a una razón mecánica y objetiva es negarse a entender que los seres humanos simplemente no funcionamos así.

Tan claro como eso.

[/et_pb_text][et_pb_team_member admin_label=”Persona” name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

El mito de los libros

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.49″]

El mito de los libros

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/06/20170607-Libros-2.png” animation=”off” admin_label=”Imagen” _builder_version=”3.0.49″][/et_pb_image][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.49″ inline_fonts=”Arimo”]

México es un país donde las personas no leen ni por equivocación, la estadística del INEGI es 3.8 libros/año, pero el número real debe ser mucho menor, porque la gente siempre dice leer más de lo que lee y la mayoría de quienes compran libros nunca los abren o sólo los ojean para presumir que son bien cultos.

Una de las consecuencias más curiosas de vivir en esta realidad es que la gente ve a los libros como algo tan ajeno y extraño que les ha ido asignando facultades casi mágicas. Lo mismo las celebridades que los políticos o la gente de pie hablan de la lectura como si fuera la solución automática a los problemas del país.

Supuestamente los delincuentes dejarían de serlo si leyeran libros, los corruptos se volverían honestos y todos seríamos ciudadanos críticos y despiertos, defendiendo nuestros “derechos”. Supuestamente México sería una mezcla de Atenas, Harvard, la NASA y el premio Nobel, y lo único que hay que hacer es dejar de ver tele y “leer libros”.

Por supuesto, sólo quienes no leen pueden creerse semejante patraña. Por supuesto, la lectura es un buen hábito porque implica disciplina y curiosidad, además de acercarnos a nuevas ideas, pero no son un pase automático ni a la sabiduría ni a la utopía.

Los libros no son pase automático a la sabiduría ni a la utopía. Clic para tuitear

Leer muchos libros no necesariamente nos hace menos manipulables. Muchas veces es al contrario, pues todo libro tiene una agenda detrás, y  los seres humanos tendemos a dar por cierto lo que vemos impreso en sus páginas.

Leer muchos libros no necesariamente nos hace menos ignorantes. Podemos leer todo el tiempo, pero si leemos basura, de ella nos llenaremos la cabeza.

Leer muchos libros no nos vuelve moralmente superiores, hay muchos patanes con bibliotecas repletas y muchos buenas personas que no saben escribir.

Por supuesto, leer ayuda, pero no basta.

Hay que leer, pero hacerlo en forma crítica, entendiendo que cada autor está inserto en sus ideas, circunstancias y prejuicios y teniendo presente que una estupidez no deja de serlo por estar impresa en las páginas de Porrúa..o de Plaza y Janés…o de Random House…o de cualquier otra editorial.

Los libros no son magia, para acabar pronto.

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ admin_label=”Persona” _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

De ambición y cosas peores

[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.0.47″][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.0.47″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.0.47″ parallax=”off” parallax_method=”on”][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.49″]

De ambición y cosas peores

por: Gerardo Garibay Camarena

[/et_pb_text][et_pb_image src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/06/TMT.png” animation=”off” admin_label=”Imagen” _builder_version=”3.0.49″][/et_pb_image][et_pb_text admin_label=”Texto” _builder_version=”3.0.49″ inline_fonts=”Arimo”]

El lenguaje es reflejo de la identidad, las palabras y el significado que les damos no son casualidad, ni una inofensiva convención, sino una puerta a los entretelones de los valores conscientes y subconscientes que asumimos como individuos en nuestra convivencia con los demás a través de la estructura social.

Por eso el hecho de que en México y en América Latina el concepto de ambición está encuadrado como algo negativo, y la palabra “ambicioso” se considera como un insulto, constituye más que una curiosidad semántica, especialmente si lo comparamos con el hecho de que, por ejemplo, en la cultura norteamericana, el concepto de ambición tiene una connotación positiva y la palabra “ambicioso” tiende a ser un halago.

Seguir leyendo en The Mexican Times

[/et_pb_text][et_pb_team_member name=”Gerardo Garibay Camarena” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2016/12/Garibay.jpg” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ admin_label=”Persona” _builder_version=”3.0.47″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

El victimismo se ha convertido en símbolo de estatus

[et_pb_section bb_built=”1″ admin_label=”section”][et_pb_row admin_label=”row”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_text admin_label=”Texto”]

Ser víctima se ha convertido en el máximo estatus

por: Sean Rife

[/et_pb_text][et_pb_image admin_label=”Imagen” src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/05/20170520-Snowflakes.jpg” animation=”off” /][et_pb_text admin_label=”Texto” inline_fonts=”Arimo” background_layout=”light” text_orientation=”left” use_border_color=”off” border_color=”#ffffff” border_style=”solid”]

En años recientes, los activistas universitarios se han convertido en un aspecto cada vez más visible de la vida norteamericana. En 2015, los profesores de Yale Nicholas y Erika Christakis fueron atacados por alentar a los estudiantes a considerar en forma crítica una nueva política universitaria sobre los disfraces de Halloween. La controversia alcanzó el punto de ebullición cuando Nicholas Christakis se encontró con los manifestantes estudiantiles en un patio y trató de dialogar con ellos:

Más recientemente, el académico del American Enterprise Institute, Charles Murray y la profesora del Middlebury College, Allison Stanger, fueron asaltados poco tiempo después de ser expulsados del salón en el que Murray estaba agendado para hablar. Los manifestantes tuvieron éxito en callar su conferencia tan sólo hablando más fuerte que el:

Este comportamiento es condenable por una serie de razones, la menor de las cuales es que mucho de lo que los manifestantes están gritando es simplemente incorrecto (por ejemplo, Murray ha apoyado desde hace mucho tiempo el matrimonio homosexual, pero el grito de “racista, sexista, anti-gay” es demasiado bueno como para dejarlo). El que los manifestantes eventualmente recurrieron a la violencia nos muestra su certidumbre moral (un proceso que puede ser observado en otras protestas similares), lo que es mucho más preocupante.

Aun así, hay personas aparentemente respetables que están dispuestas a defender esta clase de salvajismo. Escribiendo para Slate, Osita Nwanevu argumentó que los manifestantes estaban en lo correcto (y presumiblemente, que la violencia que utilizaron fue aceptable) debido a Trump: “en la era de Trump, ¿deberíamos estar del lado de quienes insisten que los prejuiciosos deben pasar sin obstáculos a través de nuestros salones de aprendizaje? ¿O deberíamos atrevernos a estar en desacuerdo?” En Inside Higher Education, John Patrick Leary tuvo la ocurrencia de decir que los manifestantes tenían “todo el derecho de callarlo (a Charles Murray)”.

El desacuerdo es una cosa, pero el callar a los oponentes o -peor aún- caer en la violencia en un esfuerzo para silenciarlos, es algo distinto.

Evolución cultural: del honor a la dignidad

En un país que tradicionalmente ha presumido su tolerancia hacia la expresión de un diverso rango de opiniones, ¿cómo llegamos aquí? Tomemos un momento para revisar la evolución cultural norteamericana.

Cualquiera que piense que el feo tono de la política estadounidense actual es una anomalía histórica debería dar un pequeño paseo por la avenida Google y leer acerca del duelo entre Hamilton y Burr. La versión corta va así: Alexander Hamilton (antiguo secretario del tesoro) y Aaron Burr (vicepresidente de los Estados Unidos) eran rivales políticos desde hace mucho. Al enterarse de que Hamilton había hecho comentarios particularmente hirientes acerca de él en una fiesta en la ciudad de Nueva York, Burr desafía a Hamilton a un duelo. El 11 de julio de 1804, Burr le disparó a Hamilton, que murió el día siguiente.

Las culturas del honor alientan la violencia, y eso es algo a lo que no debemos volver Clic para tuitear

Este sórdido momento en la historia norteamericana es un clásico ejemplo de lo que los científicos sociales llaman una “cultura del honor” -es decir, una cultura en donde la reputación se construye y mantiene a través de una actitud protectora y de la agresión hacia quienes tratan de ejercer su dominio. La reputación -lo que otros piensen de usted- es lo más importante.

Afortunadamente dichas culturas son muy raras en el mundo occidental, habiendo sido mayoritariamente sustituidas por lo que el sociólogo Peter Berger definió como la “cultura de la dignidad”. En las culturas de la dignidad, el valor de la persona es interno y aislado de la opinión pública. Lo que importa más es cómo uno maneja las pequeñas piedras y flechas que acompañan muchas interacciones humanas; una persona con dignidad lo hace de forma serena, usualmente tratando con la parte agresora directamente y en privado, si es que llega a hacerlo.

Las culturas de la dignidad son necesariamente individualistas. No hay una noción ampliamente esparcida de una culpa común. La voluntad humana es, por implicación, lo más importante. No debería ser una sorpresa que, durante la mayor parte del siglo XX, las sociedades occidentales han evolucionado para valorar a la dignidad por encima del honor.

Déjenme ser claro: Pasar de la cultura del honor hacia la de la dignidad es algo bueno. La mayoría de nosotros retrocederíamos horrorizados ante el pensamiento de que Mike Pence mate a Jack Lew en un duelo. No considero que este punto sea controversial. Algunas culturas son mejores que otras, y la cultura occidental de la actualidad ciertamente es moralmente superior a sus realidades previas, donde la esclavitud, el sexismo y la segregación era la norma. Una cultura donde la dignidad representa el estándar en lugar del honor debería ser considerada como una mejora apreciable.

Cultura del victimismo

Sin embargo, para muchos jóvenes americanos (y sí, este parece ser un fenómeno singularmente estadounidense), la noción de soportar en silencio las dificultades personales ha pasado de moda. Regresando al tema inicial: creo que mucho de lo que hemos observado en los campus universitarios durante los últimos años puede explicarse por el ascenso de lo que los sociólogos Bradley Campbell y Jason Manning llaman “la cultura del victimismo”. Ellos explican:

La cultura del victimismo es una caracterizada por su preocupación con el estatus y su sensibilidad al desprecio, combinada con una gran dependencia respecto a los terceros. Las personas son intolerantes a los insultos, incluso si estos fueron involuntarios, y reaccionan llevándolos ante la atención de las autoridades o del público en general. El dominio es la principal forma de anormalidad, y la victimización es el modo de atraer simpatía, de forma que, en lugar de enfatizar su fortaleza o valor interno, los agraviados enfatizan su opresión y marginalización social.

En los campus universitarios hay un honor perverso en declararse oprimido. Clic para tuitear

Observe los vídeos otra vez: estos estudiantes están demostrando precisamente el comportamiento que describen Campbell y Manning. Están demandando el reconocimiento de varios estatus como víctimas, y no están dispuestos a participar en ninguna clase de diálogo con aquellos con quienes están en desacuerdo. La categoría de “víctima” es un absoluto moral: nadie puede argumentar en favor de su falibilidad.

Sin embargo, nuestro entendimiento de la cultura del victimismo y su relación con las guerras culturales en los campos universitarios estaría incompleta sin un reconocimiento proporcional de lo que Nick Haslam llama arrastre de concepto: nuestro entendimiento de lo que constituye un daño se amplía para incluir desaires verbales involuntarios, en lugar de limitarse a agresiones físicas deliberadas.

Esto puede observarse lo largo de los vídeos en cuestión, pero es particularmente visible en un punto de la discusión Yale/Christakis, cuando las quejas giran hacia la hipérbole: en respuesta a un intento de Christakis para apelar a la humanidad común de todos los presentes, un estudiante le replicó que dicha apelación es inapropiada “¡porque nosotros estamos muriendo!”.

Es difícil entender como un estudiante en una de las mejores universidades del mundo -bien posicionado para entrar en los pasillos del poder después de su graduación- podría razonablemente ser considerado como integrante de un grupo oprimido, mucho menos como parte de un grupo que está siendo exterminado. Los estudiantes de Yale, sin importar su raza o etnia, están entre la élite social y cognitiva. La idea de que un simple correo electrónico acerca de los disfraces de Halloween podría constituir una amenaza existencial es poco menos que delirante.

Sin embargo, darnos cuenta de ello seguramente no sofocará la clase de alzamientos observados en Yale y Middlebury. Como señalan Greg Lukianoff y Jonathan Haidt, los estudiantes en estos casos seguramente están inmersos en una especie de razonamiento emocional: haciendo inferencias acerca del estado del mundo con base en sus sentimientos, en lugar de intentar evaluar la situación desde una posición que valore la objetividad

A dónde va la cultura del victimismo

Promover el victimismo como un estado meritorio, mientras que al mismo tiempo se expande el criterio por el cual este se define, significa que aquellos que buscan el estatus social están en competencia constante. Estas “Olimpiadas de la opresión” (como algunos las han definido) significan que el estatus de ser marginados se definirá de una forma cada vez más divisible. De esta forma, la cultura del victimismo siembra las semillas de su propia destrucción.

En un giro irónico, la cultura del victimismo se asemeja a la cultura del honor en formas sorprendentemente variadas: Por ejemplo, ambas demandan que las quejas sean atendidas, muchas veces en público. Podría incluso argumentarse que el victimismo ha obtenido una posición privilegiada que es imposible de desafiar sin recurrir en significativos costos sociales. Una nueva serie de normas han emergido en los campus universitarios, donde hay un honor perverso en declararse oprimido.

En las olimpiadas de la opresión se compite por ser la víctima más compadecida Clic para tuitear

De hecho, no es una sorpresa que la cultura del victimismo se haya elevado a la prominencia en las universidades de élite de una de las naciones más ricas del mundo. Sólo bajo condiciones tan relativamente cómodas podría prosperar esa clase de tontería.

De hecho, cualquier cosmovisión que premia el victimismo no puede sobrevivir fuera del entorno enclaustrado de un campus universitario. El mundo real -con sus mercados laborales, pagos de hipoteca y responsabilidades adultas- tiene una forma de alentarnos a valorar la dignidad por encima del victimismo. El capitalismo insiste en los resultados, está relativamente poco preocupado con nuestras subjetivas evaluaciones emocionales del mundo.

Esta es la razón principal por la que no debemos tomar demasiado en serio a los manifestantes en Yale y Middlebury. Serán forzados a enfrentarse con el mundo real y dejar su activismo atrás.

Publicado originalmente por Learn Liberty y traducido a partir de su versión publicada en FEE.org

[/et_pb_text][et_pb_team_member admin_label=”Persona” name=”Sean Rife” image_url=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/05/seanrife.png” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Profesor asistente psicología en la Murray State University.

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Europa firma su propia sentencia de muerte

[et_pb_section bb_built=”1″ admin_label=”section”][et_pb_row admin_label=”row”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_text admin_label=”Texto”]

Europa firma su propia sentencia de muerte

por: Douglas Murray

[/et_pb_text][et_pb_image admin_label=”Imagen” src=”http://garibaycamarena.com/wp-content/uploads/2017/05/20170512-Europa.png” animation=”off” /][et_pb_text admin_label=”Texto” inline_fonts=”Arimo” background_layout=”light” text_orientation=”left” use_border_color=”off” border_color=”#ffffff” border_style=”solid”]

*Publicado originalmente por The Times y Extraído del libro The Strange Death of Europe, de Douglas Murray, publicado por Bloomsbury. puede adquirirse aquí.

Europa está cometiendo suicidio. O al menos sus líderes han decidido cometer suicidio. Si los pueblos europeos eligen seguir el juego es, naturalmente, otro tema. Cuando digo que Europa está en el proceso de matarse a sí misma, no me refiero a que el peso de las regulaciones de la Comisión Europea se ha vuelto excesivo, o a que la Convención Europea sobre los Derechos Humanos no ha hecho lo suficiente para satisfacer las demandas de una comunidad en particular.

Me refiero a que la civilización que conocemos como Europa está en el proceso de cometer suicidio, y que ni la Gran Bretaña, ni ninguna otra nación europea occidental puede evitar este destino, porque todos parecemos sufrir de los mismos síntomas y padecimientos.

Como resultado, para cuando termine el tiempo de la mayoría de las personas que están vivas actualmente, Europa ya no será Europa, y los pueblos de Europa habrán perdido el único lugar en el mundo que teníamos para llamar hogar.

Actualmente Europa tiene pocos deseos de reproducirse, de pelear por sí misma o incluso de tomar su propio lado en una discusión. Aquellos en el poder parecen convencidos de que no importaría si los pueblos y la cultura de Europa se perdieran para el mundo.

Europa está cometiendo suicidio. O al menos sus líderes han decidido cometerlo. Clic para tuitear

No hay una causa exclusiva de la presente enfermedad. La cultura producida por los tributarios de la civilización judeocristiana, los antiguos griegos y romanos y los descubrimientos de la ilustración, no ha sido demolida por nada. Sin embargo, el acto final ha sucedido a causa de dos concatenaciones simultáneas -series de eventos enlazados- de los cuales ahora es prácticamente imposible recuperarse.

El primero es el movimiento masivo de personas hacia Europa. En todos los países europeos occidentales este proceso comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, a causa de la falta de trabajadores. Pronto Europa se enganchó a la migración y no podría detener el flujo incluso si lo hubiera querido.

El resultado es que lo que había sido Europa -el hogar de los pueblos europeos-gradualmente se convirtió en un hogar para el mundo entero. Los lugares que habían sido europeos gradualmente se convirtieron en algo más.

Todo el tiempo los europeos encontraron formas de pretender que este flujo podría funcionar, al imaginarse, por ejemplo, que dicha migración era normal, o que, si la integración no sucedía con la primera generación, entonces quizás tendría lugar con sus hijos, nietos u otra generación todavía por venir. O que no importaba si las personas integraban o no.

Todo el tiempo desestimamos la mayor probabilidad de que esto simplemente no funcionaría. Ésta es una conclusión que la crisis migratoria de los últimos años ha simplemente acelerado.

Ello me trae a la segunda concatenación, ya que incluso el movimiento masivo de millones de personas hacia Europa no hubiera sonado la nota final para el continente, de no ser por el hecho de que (por coincidencia o no) al mismo tiempo Europa perdió la fe en sus creencias, tradiciones y legitimidad.

Europa perdió la fe en sus creencias, tradiciones y legitimidad. Clic para tuitear

Hoy en día, más que cualquier otro continente o cultura en el mundo, Europa está profundamente aplastada por la culpa respecto a su pasado. Junto con esta versión extrovertida de auto desconfianza, corre una versión más introvertida de la misma culpa, pues también existe el problema en Europa de un cansancio existencial y de un sentimiento de que, quizá, para Europa la historia se ha terminado y se debe permitir que una nueva historia comience.

La migración masiva -el reemplazo de grandes partes de las poblaciones europeas con otros pueblos- es una forma en la que esta nueva historia se ha imaginado: un cambio. Dicho cansancio existencial de la civilización no es un fenómeno singularmente europeo en los tiempos modernos, pero el hecho de que una sociedad sienta que se ha quedado sin fuerza, precisamente en el momento en que otra nueva sociedad ha comenzado a mudarse (en su territorio), no puede sino llevar a grandes cambios de época.

De haber sido posible discutir estos temas, alguna solución podría haberse encontrado. Viendo hacia atrás, es notable cuánto restringimos nuestra discusión, incluso mientras abríamos nuestro hogar al mundo.

Hace 1000 años los pueblos de Génova y Florencia no estaban tan entrelazados como ahora lo son, pero hoy todo son reconociblemente italianos, y las diferencias tribales han tendido a disminuir en lugar de crecer con el tiempo.

El pensamiento actual parece ser el de que, en alguna etapa de los años por venir, los pueblos de Eritrea y Afganistán estarán tan entrelazados dentro de Europa como los genoveses y los florentinos se han fundido en Italia. El color de piel de los individuos provenientes de Eritrea y Afganistán podría ser diferente, sus orígenes étnicos podrían ser más alejados, pero Europa seguiría siendo Europa, y sus pueblos seguirían unidos en el espíritu de Voltaire y de San Pablo, de Gante, Goethe y Bach.

Como pasa con tantos delirios populares, hay algo de cierto en ello. La naturaleza de Europa siempre ha cambiado y -como las ciudades comerciales tipo Venecia nos muestran- ha incluido una receptividad poco común hacia las ideas e influencias extranjeras. Desde los antiguos griegos y romanos, los pueblos de Europa enviaron barcos para conocer el mundo y reportar sobre lo que habían encontrado. Raramente, si es que alguna vez, el resto del mundo devolvió dicha curiosidad, pero aun así las naves fueron y regresaron con cuentos y descubrimientos que se integraron en el aire de Europa. La receptividad era prodigiosa: sin embargo, no carecía de límites.

La cuestión respecto a dónde yacen los límites de la cultura ha sido discutida interminablemente por antropólogos, y no puede resolverse. Pero había fronteras. Europa nunca fue, por ejemplo, un continente del Islam. Sin embargo, la conciencia de que nuestra cultura está cambiando constante y sutilmente tiene profundas raíces europeas. Sabemos que los griegos de hoy no son el mismo pueblo que los antiguos griegos. Sabemos que los ingleses no son los mismos hoy que hace un milenio, y tampoco los franceses. Sin embargo, son reconociblemente griegos, ingleses y franceses, y todos son europeos.

En estas y otras identidades reconocemos una sucesión cultural: una tradición que mantiene ciertas cualidades (positivas tanto como negativas), costumbres y comportamientos. Reconocemos que los grandes movimientos de los normandos, francos y galos trajeron consigo grandes cambios. Sabemos, gracias a la historia, que en el largo plazo algunos movimientos afectan relativamente poco a la cultura, mientras que otros pueden cambiarla irrevocablemente.

El problema no viene con la aceptación del cambio, sino con el conocimiento de que, cuando esos cambios suceden demasiado rápido o son demasiado diferentes, nos volvemos algo más, incluyendo algo que quizá nunca habíamos querido ser.

Al mismo tiempo, estamos confundidos respecto a cómo se supone que esto funcione. Aunque generalmente coincidimos en que es posible para un individuo absorber una cultura particular (contando con el grado correcto de entusiasmo tanto del individuo como de la cultura) sin importar su color de piel, sabemos que nosotros los europeos no podemos convertirnos en lo que sea que queramos. No podemos volvernos hindúes o chinos, por ejemplo. Y sin embargo, se espera que creamos que cualquier persona en el mundo puede moverse a Europa y convertirse en europea.

Si ser “europeo” no se trata de la raza, entonces es incluso más imperativo que se trate de “valores”. Esto es lo que vuelve tan importante a la pregunta: “¿Qué son los valores europeos?” Sin embargo, ese es otro debate sobre el que estamos completamente confundidos.

En lugar de la religión llegó el siempre creciente lenguaje de los derechos humanos. Clic para tuitear

¿Somos, por ejemplo, cristianos? En los años 2000s este debate tuvo un punto focal en la lucha sobre las palabras para nueva constitución de la Unión Europea y la ausencia de cualquier mención de la herencia cristiana del continente. El debate no sólo dividió Europa geográfica y políticamente, también apuntó hacia una evidente aspiración.

Ya que la religión había retrocedido en Europa occidental, en su lugar surgió un deseo de demostrar que, en el siglo XXI, Europa contaba con una estructura sustentable de derechos, leyes e instituciones, que podrían existir incluso sin la fuente que les había dado vida.

En lugar de la religión llegó el siempre creciente lenguaje de los “derechos humanos” (en sí mismos un concepto de origen cristiano). Dejamos sin resolver la pregunta de si es que nuestros derechos adquiridos dependen de creencias que el continente ha dejado de tener, o si existían por sí mismos. Esta era, por lo menos, una pregunta extremadamente grande como para haberla dejado sin resolver mientras que esperábamos que vastas nuevas poblaciones se “integraran”.

Una pregunta igualmente significativa surgió en su momento sobre la posición y propósito del Estado-nación. Desde el tratado de Westfalia, en 1648, hasta finales del siglo XX, el Estado nación había sido considerado en Europa no sólo como el mejor garante del orden constitucional y los derechos liberales, sino como el máximo garante de la paz.

Sin embargo, esta certidumbre también se ha erosionado. Figuras europeas como el canciller alemán Helmut Kohl, insistieron en que “El Estado nación… No puede resolver los grandes problemas del siglo XXI.” La desintegración de los estados nación de Europa en una gran unión política integrada era tan importante, insistió Kohl, que consistía de hecho en una “cuestión de guerra y paz en el siglo XXI”.

Otros no estuvieron de acuerdo. 20 años después, poco más de la mitad del pueblo británico, que votó (en favor el Brexit) en el referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea, demostró que no fueron persuadidos por el argumento de Kohl. Sin embargo, una vez más, sin importar las opiniones que tengamos sobre la materia, esta fue una enorme pregunta como para dejar sin resolver en un momento de vasto cambio poblacional.

Mientras seguíamos inseguros sobre nosotros mismos en casa, hicimos esfuerzos finales para llevar nuestros valores al exterior. Sin embargo, cada que nuestros gobiernos y ejércitos se involucraron en algo en nombre de esos “derechos humanos” — Iraq en 2003, Libia en 2011 — pareciera que hicimos empeorar las cosas y terminamos equivocados. Cuando comenzó la guerra civil en Siria, las personas exigieron que las naciones occidentales intervinieran en nombre de los derechos humanos, que indudablemente estaban siendo violados. Sin embargo, no había apetito de proteger dichos derechos porque, sin importar que en casa creyéramos o no en ellos, ciertamente habíamos perdido fe en la capacidad de incrustarlos en el exterior.

En algún momento comenzó parecer posible que lo que había sido llamado “la última utopía” -el primer sistema universal que separó los derechos del hombre de la voz de dioses o tiranos- podría constituir una final y fallida aspiración europea. Si este de hecho el caso, dejará a los europeos del siglo XXI sin ninguna idea unificadora capaz de ordenar el presente o aproximarse el futuro.

En cualquier momento la pérdida de todas las historias unificadoras acerca de nuestro pasado, o de las ideas acerca de qué hacer con nuestro presente o futuro, sería una enorme complicación. Sin embargo, durante un tiempo de grandes cambios y turbulencias sociales, los resultados están probando ser fatales. El mundo está entrando en Europa, precisamente en el momento en que Europa ha perdido de vista lo que ella es.

Aunque el movimiento de millones de personas desde culturas ajenas hacia otra, que fuera fuerte y asertiva, podría haber funcionado, el movimiento de millones de personas hacia una cultura culpable, cansada y moribunda no puede funcionar.

Incluso ahora los líderes europeos hablan de un esfuerzo revigorizado para incorporar a los millones de recién llegados. Estos esfuerzos también fallarán. Si Europa se va a convertir en un hogar para el mundo, debe buscar una definición de sí misma que sea lo suficientemente amplia como para abarcar al mundo. Esto significa que, antes de que esta aspiración colapse, nuestros valores se harán tan amplios como para volverse insignificantemente banales.

Por ello, mientras que en el pasado la identidad europea podría ser atribuida a una serie de fundamentos altamente específicos, por no mencionar filosófica e históricamente profundos (el Estado de derecho, la ética derivada de la historia y filosofía del continente), hoy la ética y las creencias de Europa -de hecho, la identidad y la ideología de Europa- son acerca del “respeto”, la “tolerancia” y (lo más auto-abnegado de todo) la “diversidad.”

El mundo entra en Europa, justo cuando Europa ha perdido de vista lo que ella es. Clic para tuitear

Éstas frívolas auto definiciones quizá nos sostengan durante algunos años más, pero no tienen ninguna probabilidad de ser capaces de convocar a las lealtades más profundas, que las sociedades deben ser capaces de alcanzar en sus integrantes si es que han de sobrevivir por mucho tiempo.

Esta es sólo una razón por la que es probable que nuestra cultura europea, que ha perdurado todos estos siglos, y que ha compartido con el mundo tales alturas de logros humanos, no sobrevivirá.

Como las recientes elecciones en Austria y el ascenso de Alternativa por Alemania parecen demostrar, aunque la probabilidad de la erosión cultural sigue siendo incontenible, las opciones para la defensa cultural siguen siendo inaceptables. Incluso después de los tumultuosos años que han tenido, los electores franceses van a las casillas el próximo fin de semana para escoger entre más de un desastroso status quo o una integrante de la familia Le Pen.

Y todo el tiempo continúa el flujo hacia Europa. Tan sólo durante el fin de semana de Pascua, los barcos europeos reunieron a más de 8,000 migrantes africanos en los mares alrededor de Italia y los trajeron a Europa. Dicho flujo -que solía ser inusual- ahora es de rutina, aparentemente indetenible y también interminable.

En The World of Yesterday, publicado en 1942, el escritor austriaco Stefan Zweig escribió que, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, “sentí que Europa, en su estado de locura, había autorizado su propia descendencia muerte.” Sólo erró en los tiempos. Tomaría muchas décadas más antes de que esa sentencia de muerte fuera ejecutada -por nosotros y en nosotros mismos.

Extraído del libro The Strange Death of Europe, de Douglas Murray, publicado por Bloomsbury. puede adquirirse aquí.

 

[/et_pb_text][et_pb_team_member admin_label=”Persona” name=”Douglas Murray” facebook_url=”http://facebook.com/garibaycamarenacom” twitter_url=”http://twitter.com/garibaycamarena” icon_color=”#004993″ header_font_size=”30px” header_font_size_last_edited=”on|phone” header_text_color=”#004993″ saved_tabs=”all” inline_fonts=”Arimo”]

Columnista para Spectator y Standpoint, y colaborador frecuente para publicaciones como el Sunday Times y el Wall Street Journal. 

[/et_pb_team_member][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]