La solidaridad debe ser espontánea, no por ley

por: Gerardo Garibay Camarena

La solidaridad es espontánea o no es solidaridad. Decretarla es aniquilarla.

Esta frase de Fréderic Bastiat sigue resonando en nuestros tiempos con la misma claridad con que lo hizo a mediados del siglo XIX y es que justamente una de las principales tentaciones al interior del sector público es la de forzar la solidaridad empleando para ello la violencia del Estado, especialmente a través del cobro de impuestos, para financiar uno y 1000 campañas, programas, proyectos, políticas públicas y divagues varios, siempre con la mejor de las intenciones.

Sin embargo, lo que pasa una y otra vez es que esas buenas intenciones se ven corrompidas o anuladas rápidamente y en su lugar se elevan razonamientos menos nobles. Aquel programa que inició con el sincero deseo de ayudar a las familias pobres, a la vuelta de un par de años se ha convertido en una mal disimulada compra de votos; aquella propuesta para establecer un apoyo económico para los adultos mayores o las madres solteras de repente provoca más casos en lugar de reducirlos y debilita los vínculos familiares; aquel programa de lucha contra el hambre se convierte en presa de alguna mafia sindical o política.

La solidaridad es espontánea o no es solidaridad. Decretarla es aniquilarla. -Bastiat Clic para tuitear

¿Cuál es el problema de fondo? Que esa solidaridad impulsada desde el gobierno nunca será verdadera, siempre llevará impresa la marca de la violencia que necesariamente implica el Estado, y que aniquila los verdaderos vínculos solidarios, los cuales deben ejercerse espontánea y voluntariamente entre los seres humanos.

Ciertamente este camino, el de la solidaridad espontánea y voluntaria, parece ser la opción más complicada, pues requiere un compromiso permanente de sus impulsores, y demanda el convencer a los demás. A primera vista pareciera mucho más fácil simplemente cobrar un nuevo impuesto, pero a largo plazo estos reemplazan los vínculos de la caridad y la solidaridad con los lazos de la coerción y el interés, lo que debilita las estructuras sociales, empezando por la familia y las comunidades.

De ahí proviene buena parte de los problemas de la actualidad y es algo que vale la pena reflexionar.

Gerardo Garibay Camarena

Gerardo Garibay Camarena

Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.