Maduro no es el culpable

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Maduro no es el culpable

por: Gerardo Garibay Camarena

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Bueno, la verdad sí, pero no es el único.

Desde la semana pasada Venezuela ya es, para todo efecto práctico, una dictadura, y una vez aprobada la nueva constitución, que diseñarán al gusto de Maduro los funcionarios electos por el oficialismo en la asamblea constituyente del domingo 30 de julio, la oposición habrá sido expulsada completamente del ejercicio de gobierno.

La tragedia venezolana acumula día con día multitud de tragedias particulares y generalizadas: incluyendo la represión sistemática de las manifestaciones y la destrucción de lo poco que queda del sector privado, tras la “nacionalización” de miles de empresas y el cierre de muchas más a causa de la escasez de materias primas, del control de precios y una inflación anual del 720% (120 veces más que la inflación en México). Para ponerlo en perspectiva, tan solo entre 2014 y 2015 quebraron más de 110 mil empresas, un 25% de todas las que existían.

Venezuela ya es, para todo efecto práctico, una dictadura Clic para tuitear

A esto se suma el desmoronamiento de la infraestructura física y quiebre de las estructuras sociales, marcada por el aumento en la delincuencia. Quizá el más dramático testimonio de esta degeneración es la cifra de homicidios, que ha convertido a ese país en el tercero más peligroso del mundo. En Venezuela hay más de 60 asesinatos por cada 100 mil habitantes (cuatro veces más que en México).

Mientras tanto, las puertas de la cárcel chavista siguen cerrándose. Durante los últimos meses la mayoría de las principales aerolíneas han cancelado o limitado masivamente sus vuelos hacia y desde Venezuela, incluyendo American Airlines, Avianca, Gol, Aeroméxico, Delta y Aerolíneas Argentinas. Para ponerlo en perspectiva, el pasado 8 de agosto salieron 33 vuelos desde el aeropuerto internacional Simón Bolívar (el más importante de Venezuela), mientras que del Aeropuerto El Dorado (su equivalente en Colombia) salieron más de 530 vuelos.

Sí, lo de Venezuela es trágico, pero Maduro no es el culpable, al menos no el único.

Viendo el sufrimiento de los venezolanos es muy tentador recurrir a una visión de blanco y negro, entre los malvados socialistas del gobierno y los bondadosos liberales de la oposición encabezada por la Mesa de Unidad Democrática.

No tan rápido, para repartir adecuadamente las culpas hay varias cosas a considerar:

En primer lugar el criminal ataque a las libertades políticas y económicas de los venezolanos no empezó con el chavismo. No nos equivoquemos, pensando que antes de la elección de Hugo Chávez Caracas era un paraíso de libre comercio. De hecho, la degradación económica de Venezuela es tan vieja como su supuesta “democracia”. Rómulo Betancourt, el primer presidente de la era moderna era un militante comunista, que triplicó los impuestos a los ingresos, devaluó la moneda y estableció una dependencia de planeación central, entre otras perlas dignas del “Comandante Chávez”.

La tragedia venezolana no empezó con Chávez, él fue el resultado Clic para tuitear

Durante los siguientes 50 años los socialdemócratas de la Acción Democrática y la COPEI  se intercambiaron el gobierno, ampliando cada vez más el poder del estado y financiándolo con los ingresos petroleros, elevando la inflación y la deuda a niveles preocupantes, que eventualmente obligaron al izquierdista Carlos Andrés Pérez a impulsar una serie de medidas de privatización y liberación económica. Sin embargo, el remedio no funcionó porque, como buen socialista de corazón ¿Verdad, Carlos Salinas? el presidente Pérez las hizo mal, a medias y con tranzas, provocando una crisis de credibilidad política que provocó años después el triunfo de Hugo Chávez.

En pocas palabras, la receta de demagogia, gigantismo gubernamental, deuda y petrodólares no la inventó Chávez y menos aún Nicolás Maduro. Lo único que hicieron los chavistas fue darle una remozada a los viejos vicios de la clase política venezolana y aderezarlos de una nueva retórica.

Por eso también, en segundo lugar, los opositores de la Mesa de Unidad Democrática no son santos ni inocentes; lo que son es otra parvada de socialistas, que quieren quitar a Maduro para ponerse ellos a hacer lo mismo, o al menos para compartir el poder negociando con el régimen.

Es más, para acabar pronto, si Leopoldo López y Capriles llegaran a México, estarían con López Obrador. Son demagogos, son simplemente una versión menos grotesca del mismo veneno del chavismo; son Maduro con barniz de civilidad.

Chávez se parece a AMLO, Capriles y López también. Clic para tuitear

Esa es la verdadera tragedia de Venezuela: No sólo se trata de un régimen tiránico que oprime a la sociedad, sino de una sociedad corrupta por la socialdemocracia, hasta el punto en que todo su diálogo público se ha reducido a elegir entre socialistas, porque los votantes, empezando por la propia clase empresarial e intelectual se han vuelto tan adictos a los monopolios y las ayudas del gobierno, que son incapaces de imaginar siquiera una alternativa diferente.

Sin embargo, no todo está perdido.

Incluso en este panorama hay algo de esperanza. Algunos esfuerzos, como el del Movimiento Libertad o Econintech, que están trabajando para construir esa alternativa, aunque desgraciadamente las principales voces de la oposición siguen siendo las de Maduros light.

También hay una advertencia. Lo que le pasó a Venezuela nos puede pasar a nosotros, y no sólo con López Obrador, sino también con sus imitaciones socialdemócratas, del color que sea.

¿Queremos estar a salvo?

Entonces necesitamos tener claro un par de cosas:

  • La pobreza no se elimina por decreto, se elimina cuando retiramos las barreras que le impiden a millones de personas aprovechar plenamente su talento y crear todo el valor que podrían lograr en una economía libre. De hecho, el enemigo real es la marginación.
  • Los precios no se definen desde el gobierno, e intentar controles de precios SIEMPRE resulta en escasez, lo mismo en la Roma imperial que en la Caracas chavista.
  • La expansión de la influencia gubernamental no es la solución, al contrario. Cuando las burocracias estatales se involucran en áreas que no les corresponden, corrompen las relaciones sociales y eventualmente las degradan al grado de destruirlas. Los efectos podrían ser más o menos notorios, dependiendo de las circunstancias, pero siempre estarán ahí.
  • Maduro no es el culpable, al menos no el único. Los gobiernos son al mismo tiempo motivo y consecuencia de las sociedades que los elijen, especial pero no únicamente en los regímenes democráticos.

En pocas palabras:

No basta con derrotar al tirano de palacio, porque seguramente ese tirano no es sino el reflejo de la tiranía que ya existe en muchas personas más.

 

 

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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En breve: Ante Trump, Peña estuvo a la altura

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Ante Trump, Peña estuvo a la altura

por: Gerardo Garibay Camarena

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Pues será el sereno, pero Peña manejó muy bien el diálogo con Trump, empezando por el hecho de sostener en inglés una conversación de tan graves implicaciones, en lugar de recurrir a un traductor.

Peña manejó muy bien el diálogo con Trump Clic para tuitear

Además supo mantener una posición al mismo tiempo firme y conciliadora y jugó muy bien sus cartas, especialmente la de Luis Videgaray, al que todos los chairos se le fueron encima por su supuesta inexperiencia en la cancillería.

Bueno, pues ahora confirmamos, por boca del propio Trump, que Luis Videgaray fue FUNDAMENTAL para esquivar lo que hubiera sido una tragedia económica para México en el tema de las tarifas y que logró prevenirla a través de una relación diplomática muy bien manejada con Jared Kushner, todo ello mientas los politicastros nivel Fox usaban sus vínculos con Estados Unidos para ganar likes a costa de tensar innecesariamente la relación bilateral.

La conversación confirma lo que les había comentado hace meses algunos artículos en cuanto a que Trump no odia a México y que lo de que nosotros pagaramos el muro fue una ocurrencia que no midió y que no pensaba cumplir.

El odio a Peña es moralmente incorrecto y tácticamente peligroso Clic para tuitear

También confirma esa verdad en la que he insistido desde que inició el sexenio, para desmayo e indignación de chairos y derechairos: PEÑA NO ES TONTO (tampoco es un santo, ni mucho menos) y creerlo tonto a quienes pone en desventaja a sus opositores. El odio a Peña no sólo es moralmente incorrecto, sino tácticamente peligroso.

Más allá de las políticas centralistas y económicamente irresponsables que le critico a Peña Nieto (y que provocaron que me tenga bloqueado en Facebook) el hecho es que el tipo es capaz, y lo volvió a demostrar.

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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Por un Nuevo Libertario

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Por un nuevo libertario

por: Jeff Deist

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Saludos a todos en la conferencia Corax 2017, y saludos también a los asistentes aquí en nuestra Mises University anual. Como pueden ver ambos eventos están sucediendo simultáneamente, por lo que no pude estar personalmente con ustedes esta tarde, pero aprecio mucho el haber sido invitado por Sofia y Martin para dar esta conferencia, y de hecho los habría acompañado en Malta cualquier otra semana. Asimismo, admiro a Sofia y Martin por tener el valor de dejar Suecia y comenzar esta nueva empresa en Malta, que según comentan no sólo es un lugar más cálido, ¡sino también mucho más razonable!

Hoy, más que hablar sobre el libertarismo en sí mismo, quisiera hablar respecto a los libertarios, y les pido que consideremos si es que los libertarios han perdido el camino.

El título “Por un Nuevo Libertario” es, espero, una obvia referencia al título del famoso libro de Murray Rothbard, “For a New Liberty.” Es un libro subestimado, quizá menos conocido que The Ethics of Liberty. Muchos autores tienen el ego de llamar a sus libros como “un manifiesto”, pero pocas obras realmente son dignas de tan audaz subtítulo. Ese libro lo es.

Me encanta la frase de Murray: “El libertarismo es, entonces, una filosofía en busca de una política.” Me pregunto si es que él modificaría esa frase actualmente, si pudiera ver en lo que se ha convertido la facción de “política pública” dentro del libertarismo. Quizá él debería haber escrito: “El libertarismo es una filosofía en busca de mejores libertarios.”

El libertarismo es una filosofía en busca de mejores libertarios @jeffdeist Clic para tuitear

También elegí el título para plantear el importante punto de que no necesitamos un “nuevo libertarismo” o nada tan elaborado. Gracias a los grandes pensadores que han venido antes, y que siguen entre nosotros, no tenemos que hacer el trabajo difícil –lo que es una buena noticia, ¡porque no muchos de nosotros somos lo suficientemente listos como para plantear una nueva teoría! Por el contrario, todos podemos servir felizmente como transmisores de ideas.

Algunas veces los libertarios caen en la trampa de necesitar algo nuevo, lo que podríamos definir como una trampa de la modernidad. Se ha puesto de moda imaginar que la tecnología crea un nuevo paradigma, una nueva “tercera vía” que volverá obsoleto al gobierno sin la necesidad de un desplazamiento intelectual. La era digital es tan plana, tan democrática y tan descentralizada, que será imposible que los estados inherentemente jerárquicos puedan controlarnos. El libre flujo de la información –dicen- hará inevitable el libre flujo de bienes y servicios, al tiempo en que desenmascara a las tiranías que ya no pueden ocultarles la verdad a sus ciudadanos.

Aunque ciertamente espero que esto sea cierto, no estoy tan seguro. Me parece que los estados están cambiando del ámbito nacional al supranacional, que de hecho el globalismo implica un control más centralizado a manos de un cartel emergente de estados aliados, como la Unión Europea y las organizaciones no gubernamentales –por no mencionar los llamados a la convergencia de los bancos centrales bajo una organización global como el Fondo Monetario Internacional. Deberíamos tener nuestras sospechas respecto a la noción determinista de que existe un arco inevitable en la historia humana.

Y aunque todos nos beneficiamos de las maravillas del progreso tecnológico, y le damos la bienvenida especialmente a la tecnología que le dificulta al estado el gobernarnos -por ejemplo, el Bitcoin, o Uber, o la encriptación- debemos recordar que los avances en la tecnología también facilitan que los gobierno espíen, controlen e incluso asesinen a los pueblos bajo su control.

Por ello sospecho que mientras los humanos sigan existiendo, su necia tendencia a formar gobiernos seguirá siendo un problema. La elección entre organizar las actividades humanas por medio económicos o hacerlo por medios políticos no se resolvió con la imprenta de tipos móviles, ni con la revolución industrial, o la electricidad, o los numerosos avances tecnológicos. Por lo tanto, no podemos asumir que la liberación llegará a través de la revolución digital.

No, la concepción de la libertad planteada por Rothbard se ha mantenido vigente durante casi medio siglo. Los seres humanos son soberanos sobre su mente y cuerpo, lo que significa que usted es dueño de sí mismo. De ello se deriva que el ineludible corolario de los derechos de propiedad, implicando que los individuos tienen una afirmación valida sobre los productos de sus mentes y cuerpos -axiomáticamente sabemos que los seres humanos deben actuar para sobrevivir. A partir de la autodeterminación y los derechos de propiedad llegamos a una teoría de cuándo es permisible el uso de la fuerza, específicamente en defensa propia. A su vez, estas ideas de autodeterminación, derechos de propiedad y no agresión deberían aplicar a todos, incluso cuando un grupo se reúne y se hace llamar “gobierno”. Ya que los gobiernos necesariamente usan la fuerza de muchas otras formas más allá de la defensa propia, son inválidos bajo la formulación Rothbardiana.

Es una teoría hermosa, simple y lógica. Por supuesto, al menos un cierto grado de los tres elementos: libertad individual, derechos de propiedad y un entendimiento de la ley que proteja a ambos- es necesario y presente para el verdadero progreso humano. Lo sé, lo sé: los esclavos construyeron las pirámides, aunque los egiptologistas nos dicen lo contrario, y los científicos no eran libres, pero aun así construyeron bombas nucleares -probablemente para evitar un viaje a Siberia- pero sabemos que el argumento es cierto: la libertad y el progreso humanos están inextricablemente enlazados.

Entonces, tenemos esta fantástica e irrefutable teoría Rothbardiana de la libertad. Pero no es suficiente. Murray fue enfático al respecto. Él fue el primero en destacar la importancia de las personas y el activismo, no sólo de las ideas y de la educación. Pero ¿qué clase de personas, y qué clase de activismo? Esa era la pregunta en tiempos de Murray, y sigue siéndolo en la actualidad.

  • Reconocer que la libertad corresponde a la naturaleza humana.

Si hay algún punto predominante que deberíamos recordar es el que la libertad es natural y orgánica, y corresponde a la acción humana. No requiere un “hombre nuevo.” Sin embargo, los libertarios tienen una mala tendencia a caer en el utopianismo, representando la libertad como algo evolucionado y de la nueva era. En este sentido pueden sonar mucho como los progresistas, diciendo que la libertad funcionará: cuando los humanos finalmente abandonen sus necias y anticuadas ideas acerca de la familia y la tribu, convirtiéndose en librepensadores puramente racionales (siempre lo opuesto), rechazando la mitología de la religión y la fé y abandonando sus viejas alianzas étnicas, nacionalistas o culturales, a cambio del nuevo credo hiper-individualista. Debido a lo anterior el libertario arquetípico es presentado como un actor económico casi desalmado, alguien que dejaría todo y se mudaría a Singapur mañana, sólo para ganar $20,000 dólares más en la gig economy.

Bueno, pues resulta que así no es cómo son realmente los humanos. Son frágiles, y falibles y jerárquicos e irracionales, recelosos y gregarios al menos tanto como son un grupo de heroicos Hank Reardens.

De hecho, Rothbard habla justamente al respecto en su sección respecto a la estrategia libertaria en la parte final de For a New Liberty. Él nos recuerda que los progresistas utópicos son quienes creen que el hombre no tiene naturaleza y es “infinitamente maleable.” Ellos creen que el hombre puede perfeccionarse y convertirse en el siervo ideal del nuevo orden; Por el contrario, los libertarios creemos en el libre albedrío, señala.

La libertad es consistente con la naturaleza del hombre y del mundo. Clic para tuitear

Las personas se moldean a sí mismas, y por lo tanto es un disparate esperar un cambio drástico que se adapte a nuestra estructura preferida. Nosotros esperamos que las personas actúen moralmente y creemos que la libertad brinda los incentivos adecuados para el perfeccionamiento moral, pero no dependemos de ello para hacer que la libertad funcione. De hecho, sólo el libertarismo acepta a los humanos como son, aquí y ahora. Es en este sentido que Rothbard ve a la libertad como algo “eminentemente realista,” la “única teoría que realmente consistente con la naturaleza del hombre y del mundo.”

Por lo tanto, entendamos -y promovamos- la libertad como un enfoque profundamente pragmático para organizar la sociedad, uno que resuelve problemas y conflictos al avanzar con las mejores soluciones privadas y voluntarias que estén disponibles. Rechacemos las grandilocuentes visiones y utopías de lo que siempre será un mundo desordenado e imperfecto. “Mejor, no perfecto” debería ser nuestro lema.

  • Los libertarios deberían asumir en lugar de rechazar las instituciones de la sociedad civil

Mi segundo punto se relaciona con la sociedad civil en sí misma, ya que mientras los libertarios entusiastamente aceptan a los mercados, por décadas han cometido el desastroso error de parecer hostiles a la familia, la religión, la tradición, la cultura y las instituciones cívicas o sociales -en otras palabras, hostiles a la sociedad civil como tal.

Si nos ponemos a analizarlo, esto es bizarro. La sociedad civil brinda los propios mecanismos que necesitamos para organizar a la sociedad sin el Estado. Además, siguiendo con el argumento de Rothbard acerca de la libertad y la naturaleza humana, la sociedad civil se organiza a sí misma orgánicamente, sin fuerza. Los seres humanos quien ser parte de algo más grande que ellos mismos. ¿Por qué los libertarios no logran entender esto?

Poco necesita decirse que la familia ha sido siempre la primera línea de defensa en contra el Estado, y la fuente más importante de lealtad primaria -o de lealtad dividida, desde la perspectiva de los políticos. Esa conexión con los ancestros, y nuestra preocupación por los descendientes, forma una historia en la que el Estado no es el protagonista. La familia constituye nuestro primer entorno, que por lo tanto es el más formativo -y al menos como un ideal, la familia brinda apoyo tanto material como emocional. Las familias felices realmente existen.

Sin embargo, el gobierno nos quiere atomizados, solitarios, quebrados, vulnerables, dependientes y desconectados. En consecuencia, trata de romper a las familias al quitarles a sus hijos tan pronto como sea posible, adoctrinándolos en escuelas estatales, usando las prestaciones sociales y la ley de impuestos como cuña, desalentando el matrimonio y las familias grandes, de hecho, desalentando cualquier clase de intimidad que no esté sujeta al escrutinio público, promoviendo el divorcio, etc. etc.

Todo esto podría sonar como argumentos derechistas, pero ello no los vuelve falsos.

Queremos familias fuertes, queremos familias de élite, queremos familias prósperas que no tengan miedo del gobierno. Queremos grandes familias extensas a las que las personas puedan acudir en tiempos de problemas. Y como una nota al pie: asumiendo que aproximadamente el 10% la población de los Estados Unidos está razonablemente mentalizado hacia la libertad, estamos hablando de 32 millones de personas. Imagine si cada uno de ellos tuviera tres hijos, ¡crearíamos un ejército de 100 millones de personas!

La religión forma otra importante línea de defensa en contra el Estado. De hecho, la historia entera de la humanidad no puede entenderse sin comprender el rol de la religión. Incluso actualmente un saludable porcentaje de las personas en occidente creen en Dios, más allá de su observancia religiosa. Además, la creencia en una deidad desafía por sí misma el estatus y la omnisciencia del Estado. Una vez más, la religión se presenta como un rival potencial en la lucha por la lealtad del individuo -y tiene una incómoda tendencia a resurgir sin importar qué tanto los gobiernos autoritarios traten de suprimirla.

Más allá de la familia y de la fe, hay un número infinito de instituciones no estatales que ofrecen comunidades para casi cualquier interés imaginable. Todas ellas, desde los negocios, hasta las organizaciones sociales y cívicas, realizan la función civilizadora de organizar a las personas sin el poder estatal.

Queremos familias fuertes y prósperas, que no tengan miedo del gobierno. Clic para tuitear

Permítanme también plantear un punto importante: es razonable creer que una sociedad más libertaria sería menos libertina y más conservadora culturalmente -por la simple razón de que, conforme el Estado se reducen importar si poder, las largamente suprimidas instituciones de la sociedad civil crecerían en importancia y poder. Además, en una sociedad más libertaria, es más difícil imponerle a los demás los costos de nuestro estilo de vida. Si usted depende de la ayuda que le brinden la familia, la Iglesia o la caridad, estas quizá impondrán condiciones para ese apoyo.

Les aseguro que no estoy interesado en conocer o juzgar sus creencias personales o sus preferencias de estilo de vida – y tampoco lo estaba Murray Rothbard. por supuesto, el libertarismo como tal no tiene nada que decir acerca de la forma en que vive el individuo. Sin embargo, sigue siendo cierto que la sociedad civil debería ser celebrada a cada momento por los libertarios. Creer lo contrario es ignorar lo que los humanos realmente quieren y realmente hacen, que es crear comunidades. Hay una palabra para definir a las personas que no creen en nada: ni en el gobierno, ni en la familia, Dios, la sociedad, la moralidad, o la civilización. Esa palabra es “nihilista”, no libertario.

  • El universalismo político no es la meta.

Mi argumento final es acerca de la terca tendencia de los libertarios a promover alguna clase de arreglo político universal. Hasta el punto en que existe una meta política para los libertarios, esta es la de permitirle a los individuos vivir como crean conveniente. La meta política es la autodeterminación, al buscar reducir el tamaño, ámbito y poder del Estado.

Sin embargo, la idea de los principios libertarios universales se mezcló con la idea de las políticas libertarios universales. El vive y deja vivir se reemplazó con la noción de una doctrina libertario universal, muchas veces acompañada de un elemento cultural.

Debido a esto, los libertarios suelen caer en la trampa de sonar como los conservadores y los progresistas, que se imaginan a sí mismos como si estuvieran cualificados para dictar arreglos políticos en todas partes de la tierra. Sin embargo, ¿qué tiene de libertario decirles a otros países qué hacer? ¿No debería ser nuestra meta política la autodeterminación radical, en lugar de los valores políticos universales?

Ya es suficientemente malo escuchar a los neoconservadores en la televisión, mientras hablan de lo que es mejor para Siria, o Irak, o Corea del norte, o Rusia, desde sus cómodos percheros occidentales. Sin embargo, es incluso peor escuchar esto de parte de los libertarios en Reason. Ello es un error tanto político como táctico.

La doctrina universalista va más o menos así: El voto democrático es el derecho político sagrado en un mundo post monárquico. Resulta en democracias sociales con robustas redes de seguridad, capitalismo regulado, protecciones legales para las mujeres y las minorías, y normas ampliamente con censadas en cuanto a temas sociales. Las concepciones occidentales de los derechos civiles ahora aplican en todos lados, y a través de la tecnología podemos superar las antiguas fronteras de los estados nación.

Los sabores son ligeramente diferentes: los liberales de izquierda enfatizan un estado administrativo supranacional (“un gobierno mundial”), mientras que los conservadores enfocan en esquemas de comercio globalmente administrados y en “exportar la democracia.” Sin embargo, ambos bandos pasaron el siglo XX insistiendo en que sus acuerdos políticos preferidos son aplicables en todos lados, e inevitables en todos lados.

Esta narrativa no le ayuda los libertarios. El universalismo brinda los apoyos filosóficos para el globalismo, pero el globalismo no es libertad: en lugar de ello, amenaza con crear nuevos niveles de gobierno. Por otra parte, el universalismo no es ley natural; de hecho, suele estar directamente enfrentado con la naturaleza humana y la (verdadera) diversidad humana.

Más aún, resulta que muy pocas cosas realmente están consensadas a nivel universal. No lo está la gobernanza, ni los derechos, ni el rol de la religión, ni la migración, ni el capitalismo, ni el neoliberalismo. Ya de por sí tenemos una labor lo suficientemente difícil ganando el respeto para la libertad individual y los derechos de propiedad en occidente, donde contamos con una fuerte tradición de derecho consuetudinario.

Aun así, los libertarios están ocupados promoviendo el universalismo incluso mientras el mundo se mueve en la dirección opuesta. Trump y el Brexit golpearon la narrativa globalista. El nacionalismo está en ascenso lo largo de Europa, poniendo a la unión europea a la defensiva, existen movimientos de secesión en Escocia, en Cataluña, en Bélgica, en Andalucía, incluso en California. El federalismo y los derechos de los estados son repentinamente populares con los progresistas en los Estados Unidos. El mundo desesperadamente quiere darle la espalda a Washington y a Bruselas, y a las Naciones Unidas, y al Fondo Monetario Internacional, y a todas las instituciones globalistas. las personas promedio sospechan un engaño.

Deberíamos aprovechar esto.

La Meca no es París, un irlandés no es un aborigen, un budista no es un Rastafariano, una soccer mom no es un ruso. ¿Es nuestra meta convencerlos a todos de convertirse en rigurosos Rothbardianos? ¿Deberían los libertarios preocuparse acerca el matrimonio homosexual en Arabia Saudita, o insistir en que las mismas condiciones fronterizas de Mónaco existan en Brownsville, Texas? ¿Deberíamos agitar en Francia, promoviendo leyes de portación abierta de armas al estilo de Texas, para prevenir el siguiente Bataclan?

O, por el contrario, ¿no estaría mejor empleado nuestro tiempo en promover la descentralización política, la secesión y la subsidiariedad? En otras palabras, ¿deberíamos dejar que Malta sea maltesa?

Ludwig von Mises rechazó el universalismo, y vio la autodeterminación como la más elevada meta política. Murray Rothbard planteó el argumento de que las naciones orgánicas se separen de las naciones políticas, en una de las últimas cosas que escribió -un artículo titulado Naciones por Consenso.

En otras palabras, la autodeterminación es la máxima meta política. Es el camino a la libertad, aunque sea imperfecta. Un mundo de 7 mil millones de individuos auto gobernados es el ideal, pero a falta de ello deberíamos preferir los Liechtensteins que las Alemanias, y los Luxemburgos que las Inglaterras. Deberíamos apoyar el derecho de los estados a la federalización en los Estados Unidos, y aplaudir el rompimiento la Unión Europea. Deberíamos respaldar los movimientos secesionistas en lugares como Cataluña, Escocia y California. Deberíamos favorecer el control local por sobre las lejanas legislaturas y cuerpos administrativos, y por lo tanto rechazar los acuerdos comerciales multilaterales. Deberíamos, en resumen, preferir lo pequeño que lo grande, cuando se trata del gobierno.

La descentralización política, la secesión, la subsidiariedad y la nulificación son mecanismos que nos acercan a nuestra meta política de autodeterminación. Insistir en acuerdos políticos universales es un enorme error táctico para los libertarios. Es precisamente porque no sabemos lo que es mejor para 7.5 mil millones de personas en el mundo, que somos libertarios.

Conclusión: ¿por qué pelearían?

Para concluir, mencionaré un intercambio de correos electrónicos que tuve recientemente con el bloguero Bionic Mosquito. ¡Si ustedes no están leyendo a Bionic Mosquito, deberían hacerlo! Le hice la misma pregunta hipotética que tengo para ustedes: ¿Por qué pelearías? La respuesta a esta pregunta nos dice mucho acerca de los temas que deberían preocupar a los libertarios.

Con ello me refiero a por qué razón ustedes pelearían físicamente, sabiendo que hacerlo pudiera implicar lesiones serias o la muerte, o arresto y encarcelamiento, o la pérdida de su casa, su dinero y sus posesiones.

La sangre y el suelo, y Dios y la nación, le siguen importando a la gente. Clic para tuitear

Estoy seguro de que todos nosotros pelearíamos por nuestras personas físicas si fuéramos atacados, o por nuestras familias y fueran atacadas. Quizá podríamos pelear también por amigos cercanos. Quizá incluso por nuestros vecinos. De hecho, quizá nos guste pensar que en algunas circunstancias defenderíamos físicamente a un completo extraño, por ejemplo, a una anciana a que está siendo atacada y asaltada.

Además, tal vez pelearíamos por otros pueblos y comunidades, si estos fueran físicamente invadidos por una fuerza externa, incluso aunque no conocemos personalmente a todas las personas en osos pueblos y comunidades.

También podríamos pelear por la propiedad, quizá no con tanta ferocidad. Ciertamente protegería más nuestros hogares, pero ello es debido a las personas que se encuentran adentro. ¿Qué pasaría con los vehículos? ¿Se involucraría en la confrontación física con un ladrón armado que estuviera llevándose su vehículo? ¿O lo dejaría ir, sin arriesgarse a las lesiones o la muerte, sólo para salvar su auto? ¿Qué pasaría con su billetera? ¿Qué pasaría si el instituida robando el 40% de su ingreso, como muchos gobiernos lo hacen? ¿Tomaría usted las armas para evitarlo?

Probablemente no pelearíamos por el bitcoin, o la neutralidad e Internet, o un aumento en el impuesto sobre ganancias de capital. ¿Y que tal respecto a una abstracción, como pelear por “su país” o por la libertad, o por su religión? Aquí es donde las cosas se vuelven más tenues. Muchas personas han peleado y pelearán por dichas abstracciones. Sin embargo, si le pregunta los soldados ellos le responderán que en el calor de la batalla realmente están peleando por sus compañeros, para proteger a los hombres en sus unidades -y para cumplir con un sentido personal del deber.

En otras palabras, la sangre y el suelo, y Dios y la nación, le siguen importando a la gente. Los libertarios ignoran esto a riesgo de ser irrelevantes.

Muchas gracias.

Traducido por: Gerardo Garibay Camarena / GaribayCamarena.com

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Presidente del Mises Institute.

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Occidente es una idea portátil, no sangre y suelo

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Occidente es una idea portátil, no sangre y suelo

por: Jeffrey A. Tucker

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No todo el que va celebrando los logros de occidente y lamentando su destrucción es un amigo de la libertad. Hemos sabido esto desde hace por lo menos un siglo, cuando el aclamado historiador alemán escribió su magistral obra “La decadencia de occidente” (1919).

El libro abarca 800 páginas acerca de la magnificencia de las artes, ciencias, literatura y riqueza occidental, pero eso no es su tesis. El propósito del tratado era lanzar una obscura advertencia: Occidente debe tribalizarse bajo un nuevo Cesarismo, y rápido, antes de que las otras poderosas tribus del mundo ganen la lucha por el control.

¿Occidente es una idea o una nación? La respuesta es muy relevante Clic para tuitear

Las ideologías del liberalismo y el socialismo están muertas, escribió Spengler, al igual que la economía basada en dinero, que es demasiado delgada y débil para entrar en la lucha por el control de la historia. Una nueva forma de dictadura, respaldada por la visión y voluntad consciente de los amos políticos, que guíen al pueblo, era necesaria para ganar el día.

El gran libro de Spengler fue recibido con una sorprendente aclamación pública, pero ¿qué presagiaba? Observe a la Europa de entre guerras y lo verá.

El discurso de Polonia

El libro viene a la mente por el discurso de Donald Trump en Polonia, que fue algunas veces bello e inspirador, y otras extrañamente ominoso. Tomó algunos días, pero gradualmente las personas se están dando cuenta de que el discurso redactado por el consejero de políticas públicas Stephen Miller fue más que una recitación de las usuales trivialidades políticas. Fue una propuesta para reenfocar la filosofía de gobierno de los Estados Unidos a un nivel profundo, e  inculcar la consciencia de la singular identidad y misión de lo que él repetidamente llamó “Occidente” –un término que no había tenido resonancia política en décadas.

Occidente, en la forma que el discurso lo planteó, no es sólo una idea, sino un pueblo, una nación en sí misma, unida por grandes logros, incluyendo el triunfo en grandes conflictos. Por ejemplo, el discurso recordó el remarcable heroísmo de aquellos que resistieron a los nazis en el alzamiento de Varsovia, de 1943, y fue más allá para celebrar la resistencia más reciente a la ocupación soviética.

La forma en que recordó la historia fue simplemente maravillosa e inspiró al público a una incesante ovación de pie.

Además buscó forjar una solidaridad –incluso una identidad- entre Polonia y los Estados Unidos, como algo específico llamado Occidente, que Trump describió hermosamente de la siguiente manera.

“No hay nada como nuestra comunidad de naciones. El mundo nunca ha visto algo como nuestra comunidad de naciones. Escribimos sinfonías. Nos dedicamos a la innovación. Celebramos a nuestros antiguos héroes, abrazamos nuestras ancestrales tradiciones y costumbres, y siempre buscamos explorar y descubrir nuevas fronteras. Recompensamos la genialidad. Nos esforzamos por la excelencia, y valoramos a las inspiradoras obras de arte que honran a Dios. Atesoramos el estado de derecho y protegemos el derecho a la libertad de expresión. Empoderamos a las mujeres como pilares de nuestra sociedad y nuestro éxito. Ponemos a la fe y a la familia, no al gobierno y la burocracia, en el centro de nuestras vidas. Y debatimos todo. Desafiamos todo. Buscamos saber todo, de forma que podamos conocernos mejor a nosotros mismos.”

He escrito en contra de buena parte de las políticas y comportamientos de Trump, pero estas palabras son emotivas y verdaderas (al igual que mucho del libro de Spengler) y ya era tiempo de que alguien las pronunciara en esta generación. Sin embargo, noten lo que es diferente acerca de su planteamiento. Él se esforzó en decir que estos rasgos le pertenecen a una cierta “comunidad de naciones”, un pueblo específico unido detrás de una cierta forma de vida.

A diferencia de sus predecesores, se negó a describir esto como sellos distintivos del ideal humano, como un anhelo universal, sino que centró su visión en un pueblo particular –no en las ideas que mantienen las personas (las ideas pueden portarse donde sea), sino de algún modo como algo encarnado en un sector demográfico en particular.

Dos enemigos

Trump además alertó que Occidente está bajo una profunda amenaza de dos enemigos: el arrogante estado burocrático y la invasión de una ideología externa (el Islam radical). Para luchar contra estas dos amenazas, Trump prescribió una nueva consciencia de la singularidad de la tradición occidental.

“La cuestión fundamental de nuestro tiempo es si occidente todavía tiene la voluntad para sobrevivir. ¿Tenemos la confianza en nuestros valores para defenderlos a cualquier costo? ¿Tenemos el suficiente respeto hacia nuestros ciudadanos como para proteger las fronteras? ¿Tenemos el deseo y el valor de preservar nuestra civilización frente a aquellos que la subvertirían y destruirían?”

¡Es mucho para analizar! Trump está posicionando una amenaza existencial que solo puede enfrentarse con una consciencia activa de la identidad. ¿A qué lleva esta consciencia? A la disposición de defender, al valor para pelear, al deseo de sobrevivir. ¿En defensa de qué? Una forma de vida que reside dentro de un angosto rango de la experiencia humana. No es universal.

Esta no es sólo mi interpretación. David French, del National Review, perspicazmente contrasta el discurso de Trump con mensajes de Bush y Obama, y observa que: Trump “localizó directamente en un contexto occidental los valores que otros presidentes han considerado como universales, y rechazo específicamente el universalismo y la equivalencia moral.”

El artículo de French parece representar muchas opiniones en la derecha del espectro político, donde las personas están hartas de sentir como si necesitaran disculparse por los logros de Occidente y que deberían enorgullecerse de ellos. Como dice French, Trump se esforzó en ubicar estos logros históricos en la experiencia de un pueblo en particular, emparejado con una visión Judeo-Cristiana igualmente particular.

Sin embargo, realmente hay una diferencia entre celebrar a la libertad y participar en un crudo chauvinismo cultural. Hay un mundo de diferencia entre el argumento de que la libertad se desarrolla a partir de ciertas instituciones (“Lo primordial,” dijo Ludwig von Mises, es “la idea de la libertad respecto al estado”) y alegar que esta se encuentra enraizada en la sangre y el sueño.

¿Dónde está la libertad?

La visión de que la sangre-y-suelo son lo que hace grande a una civilización se contradice ante nuestros propios ojos. El mundo actual muestra el éxito de la libertad y los derechos en muchas culturas a lo largo del planeta. Los mercados existen en todo el mundo. También los derechos humanos y el estado de derecho. También las sinfonías, la gran arquitectura, la innovación, la libertad de expresión, y el arte. Donde sea que a las personas se les de libertad respecto al estado, prosperan.

Para demostrarlo basta consultar el Índice de Libertad Económica. Campeones que incluyen a Hong Kong, Singapur, Australia, Mauricio, los Emiratos Árabes Unidos y Chile, están esparcidos en todo el globo y abarcan muchas razas. Lo que tienen en común no es sangre, religión, geografía o idioma, sino eso primordial, la libertad.

Donde sea que a las personas se les da libertad respecto al estado, prosperan. Clic para tuitear

Una cosa es señalar que aquello a lo que llamamos Occidente fue el primero en desarrollar plenamente ideas liberales. Esto hace la idea de Occidente un tema de documentación histórica y un hecho indiscutible. Pero es completamente distinto el postular que pertenece a un cierto pueblo por derecho de …¿qué? Este fue el aspecto no hablado del discurso de Trump. ¿Qué es lo que verdaderamente quiere decir? ¿Es la religión, la geografía, los grandes líderes, el lenguaje o …la raza, quizá?

Escuchando entre líneas

El prospecto de que el discurso de Trump fue en realidad el disfraz de una agenda más obscura llevó a Peter Beinart a declarar que el mensaje de Trump fue nada más que un ejercicio de paranoia política y racial. El Occidente no es una definición geográfica, ya que “Polonia está más al este que Marruecos. Francia está más al este que Haiti. Australia está más al este que Egipto. Sin embargo Polonia, Francia y Australia son consideradas parte de Occidente. Marruecos, Haiti y Egipto, no.”

Si no es geográfica, ¿Qué es?

“Polonia es mayormente homogénea en términos étnicos. Así que cuando un presidente polaco dice que ser occidental es parte de la identidad nacional, está básicamente definiendo a Polonia en contraste con las naciones hacia el este y el sur. América es racial, étnica y religiosamente diversa, así que cuando Trump dice que ser occidental es la esencia de la identidad americana, está en parte definiendo a América en oposición a parte de su propio pueblo. No está hablando como presidente de los Estados Unidos. Está hablando como el jefe de una tribu.”

Antes de rechazar los argumentos de Beinart como los divagues de un provocador racial de izquierdas, considere que la formulación de Trump respecto a Occidente como un pueblo y una experiencia, más que como una idea, representa un significativo alejamiento de los antiguos ideales liberales. En particular, el discurso añade un giro particular a los ideales de la ilustración que asignamos a pensadores como Hume, Locke, Smith y Jefferson, canalizándolos a través del lente de una tradición de pensamiento opuesta a esos ideales. Lo que realmente está proponiendo es otra forma de política identitaria, que rechaza al universalismo en hechos y metas.

El problema con el universalismo

Ciertamente, la causa de los derechos universales ha sido usada como pretexto para violar esos mismos derechos. Cuando Condoleezza Rice dijo que la libertad y la democracia le pertenecen a todos, estaba justificando la clase de construcción nacional por las que fueron conocidas las administraciones de Bush y Clinton. A lo que lleva esta política en los hechos no es a la libertad, mucho menos a la democracia, sino al caos del estilo que vemos en las naciones destrozadas por la guerra en el medio oriente. El universalismo de esta clase deriva en imperialismo.

Esa es la clase equivocada de universalismo. Imagina que ya que todos tienen derechos humanos, la nación más poderosa debería garantizarlos a la fuerza, incluso a costa de los derechos humanos de aquellos descartados como “daño colateral”. La crítica de esta visión también es correcta. La libertad crece de un firmamento cultural, gradualmente, como una extensión de los corazones de la gente. No puede imponerse a punta de pistola, ya sea que lo intenten los neoliberales de tendencia izquierdista o los neoconservadores de tendencia derechista.

Muchas personas que actualmente apoyan las políticas de Trump han identificado este mismo problema con las políticas universalistas, pero ¿están escogiendo el reemplazo correcto? Debe haber una alternativa al “universalismo” imperialista, además del proteccionismo, el aislamiento, el chauvinismo cultural y la supremacía religiosa-racial.

La verdadera alternativa liberal

De hecho, sí hay una alternativa. Alguna vez fue llamada liberalismo y hoy es conocida como liberalismo clásico o libertarismo. Respecto a este problema, la doctrina puede resumirse de esta forma: derechos universales, localmente aplicados. Reconoce que el anhelo de libertad es un ideal universal, pero previene en contra de cualquier intento de que los gobiernos usen su poder, a expensas de la libertad, para imponerla.

Siguiendo a Tocqueville, reconoce las tradiciones culturales y populares de los pueblos, reconociendo que hay infinitas maneras en las que los derechos universales se integran en la experiencia humana real. Es tolerante y respetuosa de todas. En los escritos de Ludwig von Mises, este liberalismo ve su realización en límites al poder estatal, la libertad de expresión y movimiento para todos los individuos, el libre comercio y la paz y armonía entre los pueblos y naciones.

El liberalismo de esta clase no descansa en una obscura visión Hegeliana de la historia, como la expresada por Oswald Spengler hace un siglo. Un nuevo Cesarismo no salvará a Occidente, sino que le arrebataría su característica más definitoria: la libertad del individuo respecto al estado.

Los nuevos moderados

¿Dónde deja esto a aquellos de nosotros que no podemos apoyar la visión de Trump o de aquellos que la desprecian? Quizá nos deja en una posición envidiable.

Jimmy Wales, de Wikipedia hizo un comentario fugaz en la FEEcon que me impactó. Desde hace mucho él ha sido un estudiante del trabajo de F.A. Hayek y un sólido libertario. Él dice que estos días se siente menos estridente que nunca antes, por una simple razón. La izquierda y la derecha se han vuelto intensamente partidistas, irracionales, internas y vituperantes en sus lealtades tribales, y eso es precisamente lo que quieren sus líderes. Hay dos tribus peleando por el botín de un sistema corrupto y fracasado. En esa guerra nadie puede ganar.

La alternativa es: derechos universales, localmente aplicados Clic para tuitear

Esto ha puesto a Wales y a muchos de nosotros en la implausible posición de sentirnos como moderados. Somos capaces de razonar con cualquier persona razonable, sin cambiar nuestros principios. Un libertario puede ser la persona más radicalmente moderada en la sala.

El camino hacia adelante es abandonar el anhelo de un gran y decisivo conflicto tribal, y movernos hacia un sistema de paz, prosperidad y armonía social para todos. No se trata de la sangre y el suelo. Se trata acerca de la búsqueda de la felicidad, que es derecho de todas las personas.

El mensaje de que la libertad universal no necesita caudillos tribales nunca ha sido más atractivo, o más necesario.

*Publicado originalmente por: https://fee.org/articles/the-west-blood-and-soil-or-portable-idea/ 

*Traducido por: Gerardo Enrique Garibay Camarena

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Jeffrey Tucker es Director de Contenido en la Foundation for Economic Education, Chief Liberty Officer de Liberty.me, investigador del Acton Institute, y autor de 5  libros.

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En breve: el invento del calentamiento global

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En Breve: el Calentamiento global es un invento -eso parece.

por: Gerardo Garibay Camarena

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¿Se acuerdan del calentamiento global? Esa histeria que traían los vividores antes de salir con su versión 2.0, el “cambio climático”. Decían y repetían que la tierra estaba cada vez más caliente que nunca y que casi casi se iba a deshacer, y que la nieve de los polos ya no existiría para el 2015, y que la única forma de detener el apocalipsis es dándole mucho dinero a los burócratas, basados en los mismos súper expertos que no pueden predecir correctamente qué clima habrá en la tarde, pero que supuestamente saben con puntos y comas lo que va a pasar en 100 años.

El argumento era que los estudios climáticos mostraban un aumento constante y acelerado de la temperatura, y que como eran “estudios científicos” había que creerlos a pie juntillas…

Bueno, pues hace unos días se publicó otro “estudio científico”, que demuestra que los científicos básicamente se inventaron las cifras con las que “comprobaban” el calentamiento global.

La histeria del calentamiento global se basa en cifras alteradas Clic para tuitear

Los doctores James P. Wallace III,  Joseph S. D’Aleo y  Craig D. Idso analizaron los datos sobre temperatura superficial global promedio, que manejan el National Climatic Data Center, Goddard Institute for Space Studies de la NASA, y la Climatic Research Unit (CRU)/Hadley Center de la University of East Anglia, en los que se basa la histeria del calentamiento global.

Llegaron a la conclusión de que  los datos de estas 3 instituciones “no son una representación válida de la realidad. De hecho, la magnitud de sus ajustes a los datos históricos, que removieron sus patrones cíclicos de temperatura, son totalmente inconsistentes con el resto de la información creible y publicada en cuanto a la temperatura en los Estados Unidos y otros países. Por lo tanto es imposible concluir a partir de esas series de datos de temperaturas superficiales globales promedio (GAST) que los años recientes han sido los más cálidos de la historia –a pesar de los actuales señalamientos de calentamiento record.”

O, en castellano: el NOAA, la NASA y el Hadley CRU se inventaron los datos alterando las cifras y los procesos para que coincidieran con su agenda política.

Y eso sí calienta.

El NOAA, la NASA y el Hadley CRU se inventaron datos. Eso sí calienta. Clic para tuitear

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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El salario mínimo no funciona

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El salario mínimo no funciona

por: Gerardo Garibay Camarena

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El tema de la regulación en materia de salarios mínimos regresó a los primeros planos de la atención nacional a finales del mes de junio, después de que los líderes de la Coparmex, encabezados por su presidente, Gustavo de Hoyos Walter, hicieran un teatro en el  Monumento a la Revolución, exigiendo que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos eleve el salario mínimo para llevarlo a los $92.72 pesos por día.

El sainete tiene dos probables explicaciones bastante lógicas, o quieren posicionarse políticamente, o quieren quitarse de encima la competencia de las pequeñas y medianas empresas, que no puedan permitirse ese incremento en sus gastos. Después de todo, si realmente quisieran ayudar a las trabajadores, en lugar de turistear frente a las cámaras de televisión en un monumento con una nefasta carga política e histórica de por medio, los líderes de la Coparmex le subirían directamente el salario a sus empleados, que para eso no necesitan que el gobierno les de autorización. Si ellos quisieran hoy mismo podrían subir el salario a $92.72 pesos por día, o a $100, o a lo que quieran.

Elevar el salario mínimo no funciona, sólo provoca desempleo. Clic para tuitear

Lo criticable no es que los empresarios quieran empezar a hacer méritos para la grilla electoral del 2018, pues, ¿A estas alturas quién de la clase política y empresarial no anda más o menos en las mismas? El problema es que la solución que proponen, elevar el salario mínimo por decreto, para que los ingresos y la calidad de vida aumenten automáticamente, es una receta que no funciona y es un primer paso para regresar a una senda de populismo que nos ha llevado a graves crisis en el pasado.

¿Por qué?

Porque el salario no es resultado de una tenebrosa conspiración de burgueses que nadan en albercas llenas de monedas, al estilo de Rico Mc Pato. El salario tiende a representar el valor descontado de su productividad marginal, lo que en castellano significa: la aportación del trabajador al proceso productivo. Por lo tanto no es algo que pueda definirse centralizadamente e imponerse de manera exitosa a través de la violencia del estado.

Una vez más, para que quede claro: no se define al capricho de los sentimientos ni de las buenas conciencias, sino principalmente con base en la productividad que depende entre, otras cosas, del equipo de capital con que cuentan los trabajadores, de la eficiencia de la administración de las empresas y de la libertad de mercado que incentive a las empresas a competir en base a producir más y mejor, y no en base a sus contactos con la clase política.

Entonces ¿Qué pasa cuando se aumenta el salario mínimo?

Lo que sucede es que muchos de los supuestos beneficiarios, cuyo aporte al proceso productivo es inferior a la nueva cifra mínima impuesta por el estado –por falta de experiencia, porque la actividad que realizan no es lo suficientemente valorada, o porque no cuentan con las herramientas necesarias- se quedan sin empleo y sin posibilidad de encontrar otro. En consecuencia su situación económica empeora tanto a corto plazo, porque pierden el ingreso que (bien que mal) es mejor que no recibir nada; como a largo plazo, porque al no poder contratarse no podrán aprender nuevas habilidades que les habrían permitido avanzar a trabajos mejor pagados.

La pobreza no se elimina por decreto, y los salarios no suben por magia. Clic para tuitear

En consecuencia, las personas más vulnerables y marginadas de la sociedad quedan atrapadas en un círculo vicioso de subempleo e incluso de indigencia, todo ello mientras las buenas consciencias se dan palmaditas en la espalda por hacer la buena obra del día, que en realidad fue el equivalente salarial de cortarle los primeros cinco escalones a escalera, esperando que quienes apenas caminan puedan brincar hasta el sexto escalón.

Pero, bueno (dirán algunos) aquí no funciona por culpa de Peña Nieto, pero en países con gobiernos eficientes, como Estados Unidos o Alemania, el salario mínimo seguramente es un éxito rotundo. La respuesta es no.

En Seattle el salario mínimo no funciona. Un estudio financiado por el gobierno de la ciudad concluyó que la adopción de un salario mínimo de 13 dólares por hora dio como resultado una reducción del 9% en las horas trabajadas por los empleados de bajo nivel, con el consiguiente efecto en sus salarios. De hecho, los supuestos “beneficiarios” pierden en promedio $1,500 dólares al año, y eso sin contar a los miles que se quedaron sin empleo o han sido incapaces de encontrarlo debido al incremento en los costos que implica el nuevo salario y que se calculan en $120 millones anuales.

Recapitulando: el incremento al salario mínimo en Seattle resultó en más costos para las empresas, menos salario para los trabajadores y menos competitividad para la zona. Un desastre.

En Alemania tampoco funciona. La semana pasada se dio a conocer un estudio elaborado por el Instituto del Mercado Laboral, que aporta cifras escalofriantes: La imposición del salario mínimo interprofesional, tasado en 8,50 euros la hora ha destruido 60,000 empleos durante su primer año de aplicación, y eso sin contar a los otros miles que no se crearon.

En pocas palabras

Los aumentos en el salario mínimo hacen sentir bien a los activistas, pero le desgracian la vida a los trabajadores; llenan de orgullo el pecho de los políticos, pero dejan vacío el estómago de los trabajadores menos cualificados, y de sus familias, condenándolos al desempleo o a quedarse en la economía informal, ganando incluso menos que antes.

Ni aquí, ni en Seattle, ni en Alemania, el salario mínimo no funciona. ¿Entendido?

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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En Breve: 4 de Julio

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De Roma a Venezuela, eterno fracaso socialista

por: Gerardo Garibay Camarena

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El 4 de julio de 1776 los Padres Fundadores firmaron la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, que dio origen a una nueva nación independiente, resultado no de la calentura improvisada de un demagogo mañanero (como en otros casos que conocemos) sino de una reflexión amplia y respaldada por los representantes electos por la sociedad para participar en el Congreso Continental.

La independencia de Estados Unidos cambió al mundo. Clic para tuitear

Lo hicieron basados en el principio de que son evidentes estas verdades: que las personas son creadas iguales; que son dotadas por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

No eran perfectos, ni mucho menos, como ningún ser humano lo es, pero lograron sentar las bases de la república más grande y exitosa de la historia, y cambiaron al mundo.

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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Para entender el Bitcoin y su potencial

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Para entender el Bitcoin y su potencial

por: Jeffrey Tucker

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¿Cuál es la mayor invención en la historia humana? Yo diría que la respuesta es la propiedad privada. Si usted entiende por qué, entonces también debería tener un profundo aprecio por otra gran invención en la historia humana: La cadena de bloques. Ambas se refuerzan mutuamente. De hecho, la humanidad nunca ha tenido una mejor herramienta para registrar las afirmaciones de propiedad en estructuras económicas complejas, globalizadas y digitales.

Vayamos atrás en el tiempo, y hemos unos 150,000 años, cuando existían muchas moras y animales lentos, para alimentar a las pocas personas que necesitaban comer. Sin embargo, entonces la comida se agotó. Estaban frente a frente con la terrible realidad de la escasez.

La propiedad privada es la mayor invención en la historia humana Clic para tuitear

¿Cuál es la solución? Enfrentados a la hambruna, las personas descubrieron cómo domesticar animales y cultivar comida. Para alcanzar la plena producción es necesario proclamar la propiedad de la tierra y de los frutos de su trabajo, de forma que usted puede negociar con otros. Así se inventó la idea de la propiedad privada. Requirió cierta medida de consenso social y de imposición. Necesitamos que las personas estén de acuerdo respecto a qué le pertenece a quién.

Una herramienta engendra otra

Por ello es que la tecnología de la propiedad privada requiere otra tecnología: una herramienta para llevar registro de quién es dueño de qué. Bajo condiciones económicas muy preventivas, los medios para saberlo también pueden ser primitivos. Hay declaraciones orales y consenso comunitario. Existen rejas y muros para señalar los derechos de propiedad. El marcar animales y comida vino después. La ley emergió para proteger los derechos de propiedad. Mucho más tarde en la historia surgió la idea de las aseguradoras de títulos.

El punto de estas herramientas es impulsar acuerdos, brindar estándares públicos que suavizan las operaciones comerciales y alienten interacciones pacíficas en lugar de interacciones violentas. Conforme las estructuras económicas se vuelven cada vez más sofisticadas, también deben hacerlo las herramientas que usamos para establecer e imponer los derechos de propiedad necesarios para avanzar.

Bitcoin es ejemplo de una nueva tecnología a la altura de los tiempos Clic para tuitear

Siempre ha existido y siempre existirá el problema del robo, la mentira, el engaño, el fraude, la falsificación de registros y demás. Idealmente, las herramientas se vuelven mejores para detectar y prevenir que estos alteren el comercio pacífico.

El problema de establecer derechos de propiedad demanda soluciones más sofisticadas una vez que la riqueza se vuelve financiera, global y móvil. El siglo XIX, los certificados de acciones y los bonos impresos eran sujetos a fraude. Cuando este se realizaba sin control, podía destruir compañías enteras, creando falsas fortunas y destruyendo las reales. Recordemos que la historia de El Gran Gatsby se mueve alrededor de una fortuna falsa, generada a través de fraudulentos registros financieros.

La base de datos

En los viejos tiempos, las asignaciones de propiedad se asignaban y registraban a mano. Aquí es donde la invención de la base de datos hizo una contribución sorprendente. Los derechos podían ser intercambiados, reasignados con mayor facilidad, y moverse más rápidamente. Las bases de datos conquistaron el mundo por su flexibilidad, e hicieron una inmensa contribución al crear registros más correctos de toda clase.

Sin embargo, han estado lejos de ser perfectas. En un entorno altamente apalancado, los derechos de propiedad pueden volverse otra vez turbios y ambiguos, y las personas pueden manipular el sistema. Considere la crisis financiera del 2008: con títulos financieros basados en hipotecas que integraban millones de títulos de propiedad con un valor de trillones de dólares, los derechos de propiedad se volvieron confusos. Hasta cierto punto, el boom en el mercado de vivienda dependió de esto. Gerentes financieros, prestamistas e inversores, no querían saber. Sin embargo, cuando el sector colapso, gracias a diestros y curiosos investigadores, los mercados trabajaron por años para definir quién era dueño de qué.

Ahora sabemos una las grandes razones para este problema. Entre un mar de peligros morales y una errante política monetaria, las bases de datos estaban demasiado centralizadas y no eran sujetas a verificación por terceras partes. Las agencias de calificación de deuda estaban a cargo de determinar la calidad de la deuda y el riesgo de incumplimiento. Cuando se equivocaron, no había nadie que pudiera brindar una revisión constante, había que confiar en ellas. Cuando su juicio falló, el error casi desplomó al sistema financiero mundial.

La cadena de bloques

El congreso respondió con regulación y promesas de más supervisión. Absurdo. Lo que necesitábamos era mejor tecnología. Sólo el mercado podía brindarla.

Ese mismo año, irónicamente, algo sorprendente se inventó. El White Paper del seudónimo Satoshi Nakamoto propuso una nueva solución: el libro de contabilidad que registra los derechos de propiedad debería ser parte de una red de distribución que pueda ser descargada y hospedada por cualquier nodo. Los cambios en el libro sólo pueden realizarse a través de estrictas reglas, pruebas de trabajo o inversión, y consenso comunitario. El resultado de este nuevo libro de contabilidad basado en la nube y descentralizado es un registro inmutable que no requiere de sistemas de confianza en terceros para operar.

La invención destacada fue, por supuesto, el Bitcoin. De hecho, no fue destacado. Casi nadie le puso atención hasta que la tasa de intercambio entre dólares y bitcoin comenzó a elevarse cada vez más. Sólo entonces este sorprendente nuevo dinero comenzó a recibir atención. Incluso entonces, la mayoría de las personas no captaron el punto.

La cadena de bloques cambiará cómo registramos las propiedades Clic para tuitear

Lo que muchas personas no entendieron durante el gran mercado alcista del Bitcoin es que esta nueva herramienta monetaria era sólo el fruto más conspicuo de una nueva y poderosa infraestructura, con aplicaciones a los mercados financieros, los contratos y los títulos de propiedad del todo el mundo.

Resulta que no se trataba sólo del Bitcoin, que ciertamente es extraordinario. Igualmente espectacular es en sí mismo el valor de la tecnología de bloques como servicio para un registrar.

The Economist explica:

“La cadena de bloques es una tecnología incluso más potente. En esencia, es un libro de contabilidad compartido, confiable y público, que todos puedan revisar, pero que ningún usuario controla. Los participantes en un sistema de cadena de bloques mantienen el registro actualizado colectivamente: puede ser corregido sólo de acuerdo a reglas estrictas y por acuerdo general…

Las cadenas de bloques son también el ejemplo más reciente de los inesperados frutos de la criptografía. Se usa codificación matemática para convertir una pieza de información original en código, conocido como un hash. Cualquier intento de alterar alguna parte de la cadena de bloques es evidente de forma inmediata, porque el nuevo hash no se ajustará a los viejos. De este modo una ciencia que mantiene la información secreta (vital para incitar mensajes y para las compras y la banca en línea) es, paradójicamente, una herramienta para los tratos abiertos.”

 

Verdad respecto a la propiedad y los activos digitales

Este año, en la FEECon (entre muchas remarcables expreses de aprendizaje) tuve una conversación pública con un jugador importante de una nueva compañía en el sector de las cadenas de bloque, líder en una industria que está cambiando completamente las estructuras económicas de dos del mundo. Esa persona es Caitlin Long, presidenta de Symbiont, una de miles de nuevas compañías que despliegan la tecnología de la cadena de bloques para brindar precisión, claridad y verdad en los derechos de propiedad.

Symbiont es una compañía dedicada enteramente a la cadena de bloques, que registra sus títulos en una red distribuida. No es una cadena de bloques “tokenizada”, por lo que no hay monedas o activos que comprar. Sin embargo, dentro del sector hay miles de compañías que usan tokens como Bitcoin, Ether, Factoid y muchos más. Usualmente se dividen entre monedas y activos digitales. (Y fuente favorita para mantenerme al tanto de todos ellos es BraveNewCoin.com.)

Es cierto que cuando las personas escuchan la frase “cadena de bloques” se alemán porque la discusión rápidamente se vuelve muy técnica. No parece importar mucho, porque no es algo que nos concierna a usted o a mí.

La mejor revelación que surgió de la plática que tuve con Long es que le cadena de bloques es absolutamente esencial para todos nosotros. Esto no significa que usted tenga que codificar, aprender criptografía, manejar complejas carteras en sus dispositivos digitales y demás. Tampoco necesita saber de electricidad para prender las luces.

Sin embargo, en el futuro la tecnología de la cadena de bloques afectará profundamente la seguridad de sus derechos de propiedad. Los bancos están adaptando. Las compañías de títulos, las agencias estatales, los registradores de toda clase están saltando hacia esta nueva forma de hacer las cosas. El deseo de conocer la verdad inmutable es lo que está impulsando esto.

No robe cosas

Un ejemplo del valor añadido que se brinda nos lo ofrece, una vez más, The Economist:

“Cuando la policía hondureña llegó a desalojarla en 2009, Mariana Catalina Izaguirre había vivido en su humilde casa por tres décadas. A diferencia de muchos de sus vecinos en Tegucigalpa, la capital del país, ella incluso tenía un título oficial sobre la tierra en que ésta se levantaba. Sin embargo, los registros en el Instituto de propiedad del país también mostraban a otra persona registrada como dueño -y la persona convenció al juez de firmar una orden de desalojo. Para cuando la confusión legal finalmente se resolvió, la casa de la señora Izaguirre había sido demolida.

Es la clase de cosa que sucede todos los días en lugares donde los registros son más llevados, mal administrados o están corruptos -es decir en buena parte del mundo. Esa carencia de seguridad de los títulos de propiedad es una fuente endémica de inseguridad e injusticia. También hace más difícil poner una casa o un terreno como colateral para un préstamo, lo que obstaculiza las inversiones y la creación de trabajos… Por eso es que políticos que buscan limpiar al Instituto de la propiedad de Honduras, le han pedido a Factcom, una empresa emergente norteamericana, que brinde un prototipo de registro de tierra basado en la cadena de bloques. El interés en esta idea también se expresado en Grecia, que no tiene un registro de terrenos como tal y donde solamente el 7% del territorio está adecuadamente mareado.”

Cuando escuché por primera vez acerca de esta compañía Factcom, me emocione y accedía convertirme en consejero precisamente debido al servicio que podría brindarle a todos las personas en el mundo que lidian con un serio problema de ambigüedad en los derechos de propiedad. Este es un problema en todo el mundo, y quizá incluso en su vecindario. Actualmente hay miles de estas compañías trabajando con dicha tecnología.

¿Alguna vez ha sido parte en una disputa por el título de una casa? Pueden ser enormemente costosas para resolverse. Algunas veces no pueden definirse. ¿Qué pasa después? He visto propiedades enteras caer en el abandono, estructuras adorables de caer y colapsar, y activos de gran valor quedar incapaces de servir a cualquier propósito. Es un desastre.

Ese es sólo el ejemplo más aparente. en los mercados financieros, los problemas se vuelven infinitamente más complejos. Resolver lo que se prometió en contra de lo que realmente se es propietario puede volverse alucinante. La cadena de bloques no tolera dicha ambigüedad.

Piense acerca de otras formas de registro: los de nacimientos, muertes, matrimonios, bautismos, derechos de autor, herencias y demás. Bajo el sistema actual hay demasiados conflictos jurisdiccionales, confusiones, pérdidas y fraudes. La cadena de bloques ofrece la posibilidad de un registro inmutable y universal.

La fiebre del oro

Observando las valuaciones de muchas compañías dedicadas a la cadena de bloques, es extremadamente obvio que hay una fiebre del oro en este momento. En el futuro, algunas se elevarán a la Luna, y otras se estrellarán. Cuáles irán a dónde es algo que el mercado habrá de decidir. En cuanto al valor de la tecnología subyacente no hay duda alguna.

Regresando al ejemplo de las condiciones económicas primitivas, esa primera persona que rodeó su terreno con una cerca tenía algo bueno entre manos. El punto era mantener fuera a las personas indeseadas, pero también brindar mejor información, facilitar las inversiones y el comercio, incentivar la producción y mantener a raya la violencia. La cerca hizo del mundo un mejor lugar y ayudó a que un mundo hambriento aprendiera a alimentarse a sí mismo.

Hoy también tenemos hambre de claridad sobre los derechos de propiedad. La sofisticación de nuestras estructuras económicas ha superado nuestra habilidad de llevar registro de las reivindicaciones. Ahí es donde la hermosa, escalable y honesta cadena de bloques puede hacer toda la diferencia.

Le pregunté a Long si la crisis financiera del 2008 hubiera ocurrido si todos los títulos estuvieran registrados en una cadena de bloques. Su respuesta: absolutamente no. Eso es algo sorprendente para considerar.

La certeza sobre la propiedad ha salvado a los seres humanos muchas veces en el pasado. Lo hará de nuevo.

*Este artículo se publicó originalmente en: https://fee.org/articles/to-whom-does-this-thing-belong-and-how-do-we-know/ Traducido por: GaribayCamarena.Com

 

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Jeffrey Tucker es Director de Contenido en la Foundation for Economic Education, Chief Liberty Officer de Liberty.me, investigador del Acton Institute, y autor de 5  libros.

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En breve: Lobby LGBT

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En breve: sobre el lobby LGBT

por: Gerardo Garibay Camarena

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Para reflexionar respecto a la marcha de mañana:

El verdadero problema con el “Lobby LGBT” NO es la parte de LGBT, sino la de “lobby”.

Los grupos de presión, de derecha y de izquierda, religiosos o ateos, socialistas o corporativistas, corrompen los sistemas legales al usar una fuerza social (real o imaginaria) para obtener privilegios que distorsionan el sano espíritu de la ley, que es el proteger los derechos a la vida, libertad y propiedad.

Al hacerlo estos “lobbies” detonan un círculo vicioso que extiende los “derechos” (léase, privilegios) de un grupo, a expensas de los demás, que a su vez recurren a otro lobby para hacer lo propio.


El resultado es un Estado cada vez más grande y más invasivo, con menos libertad para todos, porque en cada conquista de los grupos de presión hay un pequeño triunfo para la tiranía.


Por cierto, respecto a los “derechos de los gays y de las lesbianas”, son los mismos de todos los demás: a vivir, a ser libres y a ser propietarios de lo que han obtenido legítimamente, lo demás es demagogia.

El problema del lobby LGBT no es la parte de LGBT, sino la de que sea un lobby. Clic para tuitear

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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Reflexiones sobre Uber-landia

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Reflexiones sobre Uberlandia

por: Gerardo Garibay Camarena

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Uber es algo tan obviamente bueno, que puede medirse qué tan corruptas son las ciudades basándose en con cuánta fuerza tratan de suprimirlo”. Así lo escribió Paul Graham, y yo estoy completamente de acuerdo. Uber revolucionó el sector del transporte y nos brinda un servicio muy bueno a través de un mecanismo con gran potencial

Y vaya que los ataques en contra de Uber han estado a la orden del día, desde aquellos taxistas tabasqueños, auténticos ignaros de concurso, que le exigían al Presidente Peña Nieto que “baje el switch satelital” (sic), hasta infinidad de burócratas y expertos, con títulos de prestigiosas universidades y una malsana afición por defender monopolios.

Uber es una maravilla de la modernidad Clic para tuitear

Entre esta segunda clase de críticos me llamó especialmente la atención un artículo publicado hace algunos días por el profesor de Harvard, Benjamin Edelman, titulado “Uber Can’t Be Fixed — It’s Time for Regulators to Shut It Down” (Uber no puede arreglarse, es momento de que los reguladores lo clausuren).

Los dos argumentos falsos contra Uber

Más allá de reflejar esa tendencia tiránica tan recurrente entre los miembros de la supuesta élite académica, el panfleto del señor Edelman plantea básicamente 2 argumentos: que el servicio de taxis era maravilloso antes de Uber, y que en cuanto las autoridades clausuren Uber, de inmediato el monopolio de los taxis saldrá con una nueva y maravillosa oferta, supuestamente porque cuando las autoridades cerraron Napster, la industria musical nos dio a cambio Spotify.

Ambos argumentos son falsos e ignorantes.

En primer lugar, salvo excepciones, el servicio de taxis, no sólo en México o en Estados Unidos, sino en todo el mundo, dista mucho de ser maravilloso. En términos generales es un gremio cerrado y controlado por catervas de mafiosos. Todos podemos contar nuestras historias de terror en primera persona sobre taxis pestilentes, manejados por choferes agresivos, que manejan mal, cobran de más y llevan su …digámosle música, a todo volumen.

Uber no sólo ofreció una opción distinta, sino radicalmente mejor, en cuanto a precios, a la calidad del servicio y a la comodidad, añadiendo otro elemento muy importante: una equidad de información entre chofer y usuario, ya que ambos pueden conocer de antemano el nombre y los datos del otro, y calificar su comportamiento una vez terminado el viaje. De este modo la plataforma de Uber encontró una manera clara y equilibrada de eliminar tanto a los malos choferes como a los usuarios descorteses.

Uber mejoró el servicio de taxi al equilibrar la información entre usuario y… Clic para tuitear

El ejemplo más claro de este contraste en mi experiencia personal fue hace poco más de un año, cuando regresé de una conferencia en la ciudad de Dallas. Mi avión llegó al aeropuerto del Distrito Federal poco antes de las 9 de la noche y tenía que trasladarme desde ahí hasta la central de autobuses del norte, para tomar el  autobús de regreso a casa, que salía 1 hora después. Pregunté por los taxis oficiales del aeropuerto: me cobraban 270 pesos por el viaje, y tendría que esperar media hora  a que hubiera uno disponible. Opté por pedir un Uber: llegó en 5 minutos y me cobró 70 pesos, es decir una cuarta parte de lo que me querían cobrar los taxistas.

Para acabar pronto: Entre Uber y los taxis normales no hay una pequeña diferencia, sino un mundo de distancia.

En cuanto al segundo argumento de Edelman, sobre que tras la clausura de Napster, la industria monopólica de la música generosamente nos ofreció Spotify, basta decir que se trata de un completo error. Lo que de hecho ocurrió después de que la industria arteramente cerró Napster fue que en su lugar surgieron muchas otras alternativas, incluso más “ilegales” (me acuerdo de Kaaza, Limewire, E-mule y la popularización de los torrents), además de descargas directas vía páginas como Rapidshare y Megaupload, a las que se añadió la reproducción masiva de videos en YouTube, obligando eventualmente a que la industria discográfica reconociera táctiamente que nos habían estado estafando con precios que no tenían ninguna justificación en un entorno normal y que podían ser viables ganando mucho menos; et voila, surgió Spotify y sus similares.

El argumento verdadero contra Uber

Sin embargo, dicho lo anterior también es cierto que hay mucho que criticarle válidamente a Uber, tanto en las prácticas administrativas que llevaron hace unos días a la salida de su CEO, Travis Kalanick, como en el funcionamiento cotidiano de la empresa. El hecho es que, conforme ha multiplicado su alcance en términos de ciudades, Uber ha perdido calidad y control sobre los choferes que participan en la plataforma, al grado de ni siquiera tener correcta la información sobre sus números telefónicos, que teóricamente deberían permitir que los pasajeros nos comuniquemos con ellos en caso de que tarden en llegar.

La calidad de Uber está decayendo, y hay problemas reales con la app. Clic para tuitear

Ya varias veces la aplicación me ha dicho que el Uber llegará en 6 minutos, pero resulta que el vehículo no se mueve de su lugar, o simplemente da vueltas en el mapa de la app, mientras pasan 10, 20 o 30 minutos sin que llegue. Lo mismo les ha sucedido a muchos otros clientes, y estas fallas en el servicio representan un riesgo real para el futuro de la empresa.

Al final del día, estoy convencido de que el modelo de negocio de Uber es extraordinario; su servicio, un gran avance respecto a los taxis normales; la libertad que implica, algo digno de admirar; pero como toda empresa que abre camino, el riesgo de equivocarse es muy alto y su futuro depende tanto de minimizar los errores como de corregirlos a tiempo.

En algo sí se parece Uber a Napster: ambas cambiaron el juego en una industria entera, y el éxito de ambas demostró sus limitaciones. Sin embargo, no son los reguladores gubernamentales quienes deben decidir su destino, sino todos nosotros: los usuarios.

Si decidimos los clientes el resultado será de libertad, si deciden los burócratas sería de tiranía.

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Escritor. Católico. Libertario. Escéptico de la política y desconfiado de las intenciones de los políticos. Creo en personas libres y mercados libres.

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